En el corazón de la provincia de Pontevedra, el municipio de Cerdedo-Cotobade se presenta como un destino ideal para quienes buscan una experiencia auténtica en la Galicia interior. Este enclave, resultado de la fusión de los antiguos concellos de Cerdedo y Cotobade en 2016, ofrece un rico patrimonio cultural y paisajístico, invitando a una exploración que revela la serenidad del entorno, el murmullo del agua y el crujir de las hojas bajo los pies.
Un mirador moderno y paisajes impresionantes
El mirador de San Xusto, inaugurado en 2023, es un punto de partida esencial para disfrutar de la belleza del valle del Lérez. Construido en madera y cristal, se eleva más de 100 metros sobre el valle, proporcionando una vista panorámica espectacular. En días de lluvia, el Rego da Barranqueira de Lixo forma una cascada que parece desbordarse del cielo, mientras que la Carballeira de San Xusto combina naturaleza y patrimonio con su capilla del siglo XVII.
El legado rural de la región se manifiesta en la enigmática Casa da Peste, edificada en 1721 en la parroquia de Aguasantas, que sirvió como refugio durante las epidemias del siglo XVIII. Las ruinas cubiertas de musgo y la vegetación silvestre dotan al lugar de un encanto atemporal, convirtiéndolo en un tesoro etnográfico dentro del municipio.
Rutas y actividades para todos los gustos
Cerdedo-Cotobade es, por tradición, una tierra de canteros, y esta maestría se refleja en su arquitectura. El Conjunto Arquitectónico de Serrapio y la Aldea Vella de Vichocuntín son ejemplos palpables de la habilidad local, donde casas y puentes parecen esculpidos a mano. Las fervenzas del Rego do Seixo y la Fervenza do Regueiro das Penices ofrecen un paisaje de cuento, con saltos de agua que invitan a la contemplación.
Los amantes de la historia pueden explorar el Pazo-Casa Rectoral de Borela, una construcción del siglo XVIII, o el Molino de viento de Famelga, que recuerda el pasado agrícola de la zona. Además, el Santuario de Santa María de Aguasantas rinde homenaje a un manantial de aguas consideradas milagrosas, conectando la espiritualidad gallega con su entorno natural.
Para quienes buscan tranquilidad, las playas fluviales de Xesteira y A Chan son perfectas para disfrutar de un día al aire libre, lejos del bullicio de las costas. En verano, las aguas del río Almofrei en la Playa Fluvial do Pozo Negro invitan a refrescarse, mientras que los senderos señalizados permiten descubrir petroglifos y molinos antiguos.
Cerdedo-Cotobade no solo ofrece paisajes impresionantes, sino también una rica gastronomía que refleja la tradición del interior pontevedrés. Los platos típicos como el caldo gallego, la empanada de zorza y el cocido gallego son solo algunas de las delicias que pueden degustarse en sus tabernas. Durante el otoño, las setas y las castañas destacan en los menús locales, mientras que las fiestas gastronómicas como la Festa do Xabarín celebran la herencia culinaria de la región.
Para acceder a Cerdedo-Cotobade, se puede llegar fácilmente por carretera desde Pontevedra capital a través de la N-541 o por vías secundarias. La cercanía a la autopista AP-9 facilita el acceso desde otras ciudades gallegas. Una vez allí, los visitantes pueden disfrutar de diversas actividades como la observación de aves, la fotografía de paisajes y el senderismo en entornos naturales que invitan a la introspección.
Este rincón de Galicia no es solo un destino turístico; es una experiencia sensorial completa, donde la autenticidad y la belleza natural dejan una huella imborrable en quienes lo visitan. Cerdedo-Cotobade, con su rica historia y paisajes cautivadores, se erige como un refugio para aquellos que buscan conectar con la esencia de Galicia.
