La situación de varios jóvenes cubanos se ha convertido en un drama desgarrador, ya que han sido engañados y reclutados para combatir en la guerra de Ucrania. Según relatos de familiares en Estados Unidos, estos jóvenes fueron captados mediante promesas de trabajo y condiciones favorables, pero la realidad que enfrentan es completamente distinta.
Promesas engañosas y reclutamiento forzado
Michel Duro, desde Kentucky, comparte la angustia que siente por su hermano, Yoan Viondi Mendoza, quien desapareció tras enrolarse en el ejército ruso. «Antes de morirme, tengo que saber dónde está», expresa entre sollozos. Su hermano se encontraba en La Habana, donde recibió una oferta de trabajo en Rusia que prometía un salario de 2.000 dólares al mes y otras ventajas. Sin embargo, poco sabía de las condiciones reales que le esperarían.
Desde Florida, Solanch Pérez, la hermana de Félix Omar, relata una experiencia similar. Félix se alistó el 3 de marzo y fue convencido con la misma estrategia engañosa: un contrato de construcción y la promesa de recoger escombros en zonas ya atacadas. Ambos jóvenes perdieron el contacto con sus familias en circunstancias preocupantes, dejando a sus allegados sumidos en la incertidumbre.
El cruel desenlace de una promesa rota
La historia de Yoan se torna trágica cuando, tras firmar un contrato que no entendía, fue enviado a Donetsk, una localidad en Ucrania bajo control ruso. «Le impidieron llevar su teléfono para traducir el documento y fue obligado a firmar bajo coacción», rememora Michel. A pesar de sus intentos de escapar, Yoan fue arrestado y se le asignaron tareas peligrosas en el conflicto.
La angustia se intensifica cuando Michel cuenta que perdió el rastro de su hermano en octubre de 2024, justo el día que le prometieron que lo enviarían de vuelta a casa. En el caso de Félix, su hermana Solanch también ha recibido noticias inquietantes. «Logré comunicarme con compañeros de él, y me dijeron que había muerto en una misión», narra, evidenciando la falta de respuestas por parte de las autoridades rusas.
La familia de ambos jóvenes enfrenta un proceso doloroso y frustrante, ya que las autoridades no certifican las muertes en combate, lo que les impide recibir compensaciones económicas. «En Rusia, mi madre ha tenido que contratar un abogado, no le dan respuestas y todo el proceso está siendo muy lento», concluye Solanch.
Las historias de Michel y Solanch son un ejemplo de cómo la desesperación y la falta de oportunidades en Cuba pueden llevar a muchos a situaciones extremas, donde el sueño de una vida mejor se convierte en una pesadilla.
