El director Daniel Sánchez Arévalo ha presentado su última película, Rondallas, en el Festival de Cine Europeo de Sevilla, una comedia dramática que busca conectar con el público a través de la experiencia colectiva de ver cine en las salas. Su propósito es claro: «Que la gente salga del cine sintiéndose mejor». Esta obra, que combina alegría y emoción, se erige como un acto de resistencia ante la ola de pesimismo que envuelve al mundo.
Durante la rueda de prensa, Sánchez Arévalo defendió la necesidad de recuperar el ritual de la sala oscura tras años de producción centrada en plataformas de streaming. «Hay quien piensa que el cine comercial tiene menos valor, pero yo no estoy de acuerdo», afirmó contundentemente. Su intención es atraer tanto al público joven como a los mayores, reafirmando su compromiso por crear películas que resuenen en todos los sectores de la sociedad.
Una conexión emocional con el público
Desde su debut con Azuloscurocasinegro, que le valió el Goya al mejor director novel, el cine de Sánchez Arévalo ha logrado un equilibrio entre drama y comedia, siempre con un toque de costumbrismo que conquista tanto al público como a la crítica. En esta ocasión, el realizador ha trasladado su cámara a Galicia, donde encontró inspiración en un vídeo de la rondalla de Santa Eulalia de Mos, que interpretaba un tema de AC/DC con gaitas y otros instrumentos locales. «Había un sentimiento de comunidad, una unión, que a mí me emociona especialmente», confesó el director.
La película cuenta con un elenco destacado que incluye a Javier Gutiérrez, María Vázquez, Tamar Novas, además de los jóvenes talentos Judith Fernández y Fernando Fraga. Estos últimos compartieron sus experiencias durante la rueda de prensa, comentando el arduo proceso de aprender a tocar la gaita: «Al menos tardamos dos semanas no en emitir una nota, sino un sonido», bromeó Judith, quien es la protagonista de esta historia ambientada en un pueblo marinero que aún llora a sus muertos.
La trama se desarrolla dos años después de un trágico naufragio que dejó varias víctimas, entre ellas su padre. Los miembros de la rondalla deciden que ha llegado el momento de dejar atrás la tristeza y volver a la vida, un objetivo que se une al reto de participar en un concurso musical. «El arranque es trágico, pero la película se mueve entre el drama y la comedia. La clave para encontrar el equilibrio es no forzar mucho ni una cosa ni otra», explicó el cineasta, quien también destacó cómo este proyecto le ha permitido reconectar con su identidad como director tras una etapa de vida centrada en su reciente paternidad y en trabajos para plataformas.
Reivindicación del cine en salas
En un contexto donde las plataformas de streaming han modificado los hábitos de consumo audiovisual, Sánchez Arévalo reivindica la experiencia colectiva de ver cine. «Quiero hacer algo popular; adulto, pero popular», afirmó, subrayando la importancia de reestablecer el vínculo emocional que se genera en las salas de cine. Su intención es que el público pueda «llorar y reír juntos», reviviendo así la magia que solo puede ofrecer una proyección en pantalla grande.
Con Rondallas, el director madrileño continúa su trayectoria cinematográfica, siempre fiel a su voz y a su forma de contar historias que resuenen en el corazón del espectador. La película se estrenará en cines, marcando un regreso al formato que tanto aprecia y que considera esencial para la experiencia cinematográfica.
