La yurta, patrimonio cultural de Asia Central según la Unesco

El 11 de diciembre de 2025, la Unesco inscribió los conocimientos tradicionales relativos a la fabricación de yurtas, las viviendas nómadas de Asia Central, en su lista de Patrimonio Cultural Inmaterial. Esta decisión incluye a Uzbekistán y a los artesanos de Karakalpakistán, sumándose a los reconocimientos ya otorgados a Kazajistán y Kirguistán. La inscripción se llevó a cabo durante la vigésima reunión del Comité Intergubernamental que se celebra esta semana en Nueva Delhi.

La yurta, una estructura circular de madera cubierta de fieltro y sostenida por cuerdas trenzadas, ha sido durante siglos el hogar portátil de los pueblos túrquicos de la estepa. Más que un simple refugio, representa un símbolo de identidad cultural que se mantiene presente en festivales, bodas y funerales, siendo un legado transmitido de generación en generación.

Importancia cultural y técnica de la yurta

Según Kamol Mukhtarov, representante de Uzbekistán ante la Unesco, «la yurta es uno de los elementos más importantes de la cultura karakalpaca y un símbolo de identidad, unidad y respeto por la diversidad». Esta inscripción también pone en valor el trabajo de los artesanos karakalpakos, que incluyen carpinteros, tejedores y especialistas en fieltro y decoración interior. Estos profesionales mantienen vivas técnicas tradicionales que son enseñadas a jóvenes aprendices.

La candidatura presentada subraya el carácter multinacional de estos conocimientos, resaltando que la yurta es un patrimonio compartido entre comunidades con raíces históricas comunes. Esta visión de colaboración es fundamental para la preservación de esta tradición.

Compromisos y futuro de la tradición

Las yurtas continúan desempeñando un papel central en rituales del ciclo de vida, así como en celebraciones como el Nowruz, donde se organizan concursos y exhibiciones artesanales. Con el reconocimiento de la Unesco, los Estados implicados se comprometen a fortalecer la formación de artesanos, promover el uso sostenible de la madera y el fieltro, y crear plataformas conjuntas de documentación.

Este reconocimiento por parte de la Unesco no solo refuerza la visibilidad internacional de la tradición de la yurta, sino que también destaca su relevancia en un mundo que cada vez más se moderniza. A pesar de los cambios, la yurta sigue simbolizando unidad, hospitalidad y un fuerte vínculo con la naturaleza en Kazajistán, Kirguistán y Uzbekistán.