La lucha de Namara por recuperar su identidad en Zamora

La historia de Antonia Martínez Navarrete, una mujer de 72 años residente en Zamora, se ha convertido en un símbolo de la lucha por la identidad personal. Tras un año y medio de trámites, el Juzgado número 3 de Zamora ha denegado su solicitud para cambiar su nombre a Namara Nona, lo que ha llevado a la afectada a recurrir al Ministerio de Justicia para que revise esta decisión.

Desde pequeña, Antonia expresó su descontento con el nombre que le dieron al nacer. “No me gustaba nada el nombre que me habían puesto y que me lo tenía que cambiar”, recordaba. A los 18 años, decidió iniciar su carrera literaria como poeta y, aunque llevó el nombre de Antonia durante años, fue en junio de 2024 cuando comenzó a gestionar el cambio legalmente, asesorada por su abogado en Cornellà, donde residía anteriormente.

Sin embargo, su empadronamiento en Zamora desde 2014 complicó los trámites, impidiendo que su abogado pudiera actuar en Cataluña. El proceso se complicó aún más debido a un error en la fecha de su nacimiento: mientras su padre la inscribió el 1 de julio de 1953, el registro civil de Sabiote reflejaba el 24 de junio. Esta confusión fue resuelta cuando Antonia logró obtener un nuevo carné que coincidía con la fecha que su padre había declarado.

A pesar de estos esfuerzos, el 24 de junio de 2025, el Registro Civil de Zamora comenzó a requerir numerosos documentos que confirmaran su nuevo nombre, algo que resulta complicado sin la autorización del Ministerio de Justicia. A pesar de aportar un recibo de la luz donde figura como Namara Nona Martínez Navarrete, su solicitud fue denegada. En el juzgado, incluso solicitó que se le permitiera colocar el nombre «entrecomillado o entre paréntesis» detrás de Antonia, pero esta alternativa también fue rechazada.

El 26 de noviembre de 2025, recibió la notificación de la negativa oficial a su nuevo nombre, argumentando que “no existe”. Sin embargo, Namara sostiene que la normativa permite adoptar cualquier nombre que no atente contra la dignidad de la persona. “El nombre que he elegido es la abreviatura de mi nombre y apellidos invertidos, el mismo por el que me llaman mi familia y amigos desde hace más de 50 años”, explica.

A pesar de las dificultades, Antonia Martínez, quien ha publicado varios poemarios, sigue confiando en que el 2026 le traiga su nueva identidad. Su historia pone de relieve la importancia de la identidad personal y las dificultades que muchas personas enfrentan al intentar ser reconocidas por su verdadero nombre.