El Cinema Park, el último cine de Kabul, ha sido demolido por el gobierno talibán, marcando el fin de una era cinematográfica en Afganistán. Este emblemático recinto, que había sobrevivido a múltiples convulsiones políticas y sociales, se erigía como un testimonio del pasado cultural de un país que ha visto cómo la proyección de películas se convertía en un acto de resistencia y de escapismo.
El Cinema Park, con su diseño característico de los años cincuenta, había sido un refugio para los amantes del cine y un lugar de encuentro para adolescentes y jóvenes en busca de entretenimiento. Sin embargo, la realidad de sus últimas proyecciones era desoladora. En sus últimas etapas, el cine se convirtió en un espacio donde la mayoría de los asistentes eran personas sin hogar y drogadictos, que entraban y salían sin prestar atención a la película en pantalla.
La decadencia del cine en Kabul
El recinto había caído en un estado de abandono, con butacas desgastadas y una pantalla que apenas podía sostener el peso de las proyecciones. El responsable del cine lamentaba la situación, afirmando que “nos traen las peores películas indias” y que el público escaseaba. En 2010, durante la ocupación occidental, Kabul contaba con tres cines privados en condiciones lamentables y dos cines públicos, entre ellos el Cinema Park, que fue demolido justo antes del regreso de los talibanes al poder.
La demolición del Cinema Park ha sido seguida por la del cine Ariana, que tuvo lugar hace apenas dos semanas. Sobre los escombros de ambos cines se planea construir un centro comercial que incluirá tiendas, restaurantes, un hotel y una mezquita, según anunció el portavoz del municipio de Kabul. Este anuncio ha generado críticas, ya que los talibanes han prohibido la proyección de películas, lo que hace cuestionable la necesidad de derribar los cines que aún existían.
Nostalgia y resistencia cultural
La nostalgia por los días dorados del cine en Kabul es palpable. Muchos, como el encargado del Cinema Park, recuerdan cómo los cines solían estar llenos de gente, un espacio donde las familias compartían momentos y donde la cultura cinematográfica florecía. “La electricidad se nos va. Estamos siempre solos”, confesaba, añorando un pasado en el que el cine era un punto de encuentro vibrante.
El día de la última visita al Cinema Park se proyectaba Angaara, una película de Anil Ganguly de 1996, que contaba la historia de un ladrón que se reencuentra con su padre en medio de un mundo de amor y criminalidad. Lo que solía ser un espacio de celebración cultural se había transformado en un recuerdo de lo que fue una sociedad más abierta y tolerante.
A lo largo de los años, el Cinema Park había vivido diversas transformaciones, desde ser un cine hasta convertirse en mezquita durante el primer régimen talibán. Sin embargo, su esencia como punto de encuentro cultural se mantuvo hasta su cierre definitivo. La historia del cine en Afganistán es una mezcla de sueños y realidades, donde las proyecciones cinematográficas se entrelazan con la historia política del país.
En un contexto donde el cine ha sido silenciado, la demolición del Cinema Park representa una pérdida significativa para la cultura afgana. Los sueños y aspiraciones de una generación se desvanecen bajo los escombros de un edificio que había sido testigo de innumerables historias. La proyección de películas puede haber terminado, pero la memoria de lo que fue sigue viva en el corazón de quienes alguna vez encontraron en el cine un refugio de esperanza y creatividad.
