Los perros callejeros que habitan en la zona de exclusión de Chernóbil han estado expuestos, durante generaciones, a niveles de radiación hasta 1.000 veces superiores a lo normal. Un reciente estudio ha analizado la genética de 302 perros de distintas áreas cercanas, revelando clanes familiares y diferencias poblacionales que podrían ser clave para investigar mutaciones y mecanismos de reparación genética.
La investigación, publicada en Science Advances en 2023, no ha encontrado todavía adaptaciones específicas a la radiación, pero sienta las bases para futuros estudios. La variabilidad en los niveles de radiación, junto a factores como la alimentación y el movimiento de estos animales, influye en los resultados, haciendo que la geografía sea un aspecto biológico relevante.
Una población aislada y expuesta
Casi 40 años después del accidente, la zona de exclusión sigue siendo un ecosistema lleno de vida. Centenares de perros han sobrevivido en este entorno, lo que brinda un experimento natural difícil de replicar: una población grande, parcialmente aislada y expuesta a un mosaico de radiación desigual. Este entorno permite comparar linajes según el lugar donde sobreviven.
El proyecto comenzó con la iniciativa del Clean Futures Fund, que llevó a cabo campañas de captura, esterilización y vacunación en las cercanías de la central. En este contexto, equipos académicos recogieron muestras de sangre y registraron localizaciones, un detalle crucial dado que los niveles de exposición varían significativamente entre puntos cercanos.
Resultados y futuro de la investigación
El análisis de los 302 perros mestizos se llevó a cabo en tres áreas: los alrededores de la central, la ciudad de Chernóbil, a unos 15 km, y Slavutych, a decenas de kilómetros. Utilizando un panel genómico de 129.497 SNPs, el equipo aplicó métodos de similitud genética e inferencia de mezcla para construir un mapa de parentescos.
Uno de los hallazgos más significativos no es la identificación de mutaciones milagrosas, sino la estructura poblacional: los perros se agrupan en función de la distancia y las barreras geográficas. Los investigadores identificaron 15 clanes con relaciones madre-padre-descendencia, que serán útiles para detectar mutaciones de novo en el futuro.
Aunque existen diferencias genéticas entre los grupos, esto no implica necesariamente que la radiación sea la causa directa. Los perros reciben alimentación de humanos, forman manadas con poca mezcla y se mueven por rutas influenciadas por la infraestructura y los vallados de la zona.
El estudio establece una base demográfica y de trabajo, no como prueba de adaptación. El objetivo es comparar tasas de mutación y regiones del genoma vinculadas a la reparación del ADN, inmunidad o metabolismo. La pregunta clave es: ¿hay señales compatibles con daño crónico o con selección? Actualmente, esto se presenta como una hipótesis operativa.
El escenario en Chernóbil no es homogéneo, ya que la contaminación se distribuye en manchas. La radiación que afecta a un animal depende de dónde duerme, qué come y cuánto tiempo pasa en cada punto. Por tanto, la geografía se convierte en un dato biológico esencial en esta investigación.
Además, el turismo y las obras en la zona han atraído trabajadores y comida, lo que también ha influido en la población de perros. Este flujo puede haber introducido cruces con perros de fuera, algo que se ha detectado como señales de mezcla en ciertos grupos.
El valor de este trabajo radica en su metodología: construir un censo genético para un entorno extremo y utilizar lo aprendido para estudiar y, en un futuro, tratar las mutaciones originadas por la radiación.
