Amal Jalil, una destacada periodista libanesa de 42 años, perdió la vida el pasado miércoles tras ser alcanzada por un ataque aéreo israelí en At Tiri, al sur de Líbano. La reportera se encontraba en el lugar cubriendo el conflicto cuando su vehículo fue destruido por un bombardeo, lo que impidió la llegada de los equipos de rescate durante varias horas.
Jalil, oriunda del pueblo costero de Baysariyyeh, había comenzado su carrera en la revista femenina Al Hasnaa y, posteriormente, escribió para el suplemento del periódico As-Safir. En 2006, se unió al recién fundado diario Al Akhbar, donde se especializó en cubrir los conflictos en la región. Su trabajo se centró en retratar la resistencia de los libaneses, especialmente las demoliciones en aldeas del sur donde las tropas israelíes habían establecido su presencia.
Una vida marcada por la resistencia
Desde sus inicios, Amal se mostró comprometida con su labor periodística a pesar de las amenazas que recibió a lo largo de su carrera. En septiembre de 2024, su vivienda familiar fue objetivo de un ataque aéreo, lo que marcó un punto de inflexión en su vida. Comenzó a recibir amenazas de muerte, algunas de ellas provenientes de un número israelí. Sin embargo, Jalil nunca se dejó intimidar y continuó su trabajo, afirmando que «la resistencia es un acto instintivo entre los sureños contra el agresor».
El pasado miércoles, Amal se encontraba con la fotógrafa independiente Zeinab Faraj cuando un ataque israelí destruyó el vehículo que iba delante de ellas. A pesar de esquivar el impacto inicial, buscaron refugio en una vivienda cercana, que también fue bombardeada. Los equipos de rescate, entre ellos la Cruz Roja libanesa, se encontraron con obstáculos por parte del Ejército israelí, que impidió su acceso al lugar durante horas.
Un legado de valentía y compromiso
Tras varias horas de espera, los rescatistas lograron sacar a Faraj con vida, aunque gravemente herida. Sin embargo, no pudieron acceder al cuerpo de Jalil hasta tres horas más tarde, cuando fue demasiado tarde. La periodista fue despedida en un emotivo funeral en su aldea natal, donde su ataúd fue cubierto con la bandera libanesa, flores blancas y su casco de prensa. También se le rindió homenaje en Beirut, donde su legado de valentía y compromiso con la verdad será recordado.
La ONU condenó lo que calificó como «el asesinato de la periodista Amal Jalil», y su secretario general, António Guterres, exigió una investigación al respecto. Según la Oficina de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, los ataques dirigidos a trabajadores sanitarios y periodistas durante los conflictos podrían constituir crímenes de guerra si se demuestra que fueron deliberados.
