Un reciente estudio norteamericano ha revelado que la COVID-19 puede agravar de forma significativa los resultados cardiovasculares, aumentando el riesgo de complicaciones en pacientes con afecciones cardíacas preexistentes. Esta investigación pone de manifiesto la necesidad de una vigilancia clínica más rigurosa tanto durante como después de la hospitalización de estos pacientes.
Los hallazgos indican que los pacientes que contraen COVID-19 y sufren un infarto agudo de miocardio con elevación del segmento ST (STEMI), una forma grave de infarto causada por la obstrucción completa de una arteria coronaria, tienen hasta siete veces más probabilidades de fallecer en el hospital. Además, enfrentan un mayor riesgo de sufrir un accidente cerebrovascular, un infarto de miocardio recurrente o una revascularización no planificada en comparación con quienes no contraen la enfermedad.
Resultados del registro NACMI
La investigación fue llevada a cabo por la Sociedad de Angiografía e Intervenciones Cardiovasculares (SCAI) y la Asociación Canadiense de Cardiología Intervencionista (CAIC), junto con el Consejo de Cardiología Intervencionista del Colegio Americano de Cardiología. Estos organismos colaboraron para crear el registro observacional multicéntrico denominado NACMI, que ha proporcionado datos cruciales sobre la mortalidad en pacientes con infarto de miocardio y COVID-19.
Según este registro, que se presentó en las Sesiones Científicas 2026 de la SCAI y en la Cumbre de la CAIC en Montreal, se ha encontrado que los pacientes con COVID-19 y STEMI presentan una tasa de mortalidad al año un 67% mayor que aquellos que solo sufrieron un STEMI. En concreto, la tasa de mortalidad al año fue del 45% para los pacientes con COVID-19 frente al 27% de los que no se vieron afectados por el virus.
Implicaciones para la atención médica
La mayoría de las muertes (86%) se produjeron durante la hospitalización inicial. Para aquellos que lograron sobrevivir a esta etapa, las tasas de mortalidad al año resultaron ser un 25% superiores en los pacientes con COVID-19, con un 12% frente al 9,6% de los pacientes sin la enfermedad, además de ser más del doble que la tasa prepandémica que era del 5,3%.
El doctor Payam Dehghani, cardiólogo intervencionista de Prairie Vascular Research Inc. en Regina, Canadá, enfatizó: «Nuestros hallazgos destacan que los pacientes que sobreviven a un infarto agudo de miocardio con elevación del segmento ST necesitan una atención constante y minuciosa por parte de su equipo médico, especialmente si padecen COVID-19».
Dehghani también subrayó la importancia de monitorear cuidadosamente los factores de riesgo cardiovascular, incluidos los hábitos de vida, y alentó a los pacientes a participar activamente en su recuperación y seguimiento. Actualmente, los investigadores están llevando a cabo análisis adicionales para explorar posibles disparidades de género entre los pacientes con COVID-19 e infarto agudo de miocardio con elevación del segmento ST.
