El Partido Laborista británico, liderado por Keir Starmer, ha experimentado una derrota sin precedentes en las elecciones locales celebradas el pasado jueves, perdiendo cientos de concejales en toda Inglaterra. Los primeros datos del escrutinio revelan que el partido ha cosechado sus peores resultados en décadas, lo que pone en entredicho la viabilidad de su gobierno. Además, el partido podría perder el control del Parlamento de Gales por primera vez en su historia y sus aspiraciones de gobernar en Escocia se ven amenazadas.
Las elecciones han beneficiado a partidos como la extrema derecha, los verdes y los liberaldemócratas, reflejando el descontento de un electorado cada vez más fragmentado. En concreto, los laboristas han visto cómo sus concejales han sido reemplazados por Reform, el partido de extrema derecha de Nigel Farage, así como por el Partido Verde. Rebecca Long-Bailey, diputada laborista de Manchester, calificó la jornada como «verdaderamente devastadora». A medida que avanzaba el conteo de votos, ya se escuchaban voces dentro del partido pidiendo la dimisión de Starmer.
El impacto del descontento electoral
Entre las críticas, John McDonnell, diputado laborista, sugirió en la BBC que Starmer debería considerar si está perjudicando a su partido. “Es mejor tener ahora esta conversación sobre cómo salimos de esta”, afirmó. Doaren Hale, líder de los laboristas en Hull, también se mostró crítico, señalando que “no es el hombre adecuado para el cargo”. A pesar de las voces disidentes, Starmer y algunos de sus ministros han advertido sobre los peligros de cambiar de liderazgo en un momento crítico.
En Gales, los resultados de las encuestas sugieren una posible victoria del partido nacionalista galés, Plaid Cymru, lo que marcaría un cambio significativo en la política regional, ya que el Partido Laborista había gobernado desde la creación de la asamblea autónoma galesa en 1999. Por su parte, el SNP, el partido nacionalista escocés, espera mantener su mayoría en el Parlamento escocés, aunque enfrenta un clima de incertidumbre tras varios escándalos de corrupción.
Factores que han influido en la derrota laborista
Según Luke Tryl, director de la encuestadora More in Common, el Partido Laborista está perdiendo apoyo tanto por la derecha como por la izquierda. Los datos previos a la votación indicaban que un 11% de los antiguos votantes laboristas se estaba trasladando a Reform y al Partido Verde. Este patrón de descontento se asemeja a lo ocurrido con el Partido Conservador entre 2022 y 2024, lo que sugiere una crisis de confianza en los dos grandes partidos tradicionales.
Las inquietudes de los votantes giraron en torno a temas como los impuestos municipales y el estado de las carreteras, plagadas de baches. Sin embargo, la mayoría de los problemas que han influido en la votación son de índole nacional, siendo el coste de la vida uno de los principales factores. La valoración de la economía se encuentra en su nivel más bajo en 48 años, según datos de Ipsos, lo que ha alimentado el pesimismo entre la población.
Además, la gestión del conflicto en Oriente Medio ha repercutido en las elecciones. La división dentro del Partido Laborista respecto a la guerra en Gaza y las críticas de la comunidad judía hacia el gobierno de Starmer por su respuesta a los ataques antisemitas han llevado a un aumento de apoyos para los verdes y la extrema derecha.
A pesar de la presión ejercida por algunos miembros del partido, Starmer ha reafirmado su compromiso con el liderazgo. Sin embargo, si al menos 80 diputados votan en el Parlamento para destituirle, sus rivales más destacados podrían incluir al alcalde de Manchester, Andy Burnham, la exviceprimera ministra Angela Rayner, y el actual ministro de Sanidad, Wes Streeting.
Un reciente sondeo revela que la mitad de los británicos considera que Starmer debe dimitir como primer ministro. Al mismo tiempo, el 67% de la población opina que el país se dirige en la dirección equivocada y que no han percibido cambios significativos desde que el Partido Laborista asumió el poder en 2024, tras 14 años de gobiernos conservadores.
