El colegio San Antonio de Padua en Cáceres acogió el pasado 16 de enero una emotiva celebración en la que varios alumnos llevaron a sus mascotas para ser bendecidas en honor a San Antón, una tradición arraigada en la comunidad. Este evento, que se ha llevado a cabo durante años, tuvo lugar en el patio del centro educativo, donde el frío y la lluvia no impidieron que el ambiente se llenara de alegría y ternura.
Los alumnos de educación infantil, primaria y la guardería presentaron a sus animales, convirtiendo el patio en un bullicioso encuentro de diversas especies. Aunque los perros fueron los más comunes, también se vieron gatos, hámsters, canarios e incluso peces, todos acompañados por sus dueños que compartieron momentos entrañables con sus mascotas.
Un día de bendiciones y alegría
La jornada comenzó con una breve actuación y la lectura de textos por parte del sacerdote franciscano Fray Guillermo, quien, con el hisopo en mano, bendijo a cada uno de los animales presentes. Este acto conmemora la vida y obra de San Antonio Abad, en el que se recuerda la tradición de bendecir a los animales, un gesto que tiene raíces profundas en la devoción popular hacia este santo.
Los niños, emocionados, llevaron a sus mascotas ante el sacerdote, creando un espectáculo conmovedor donde se podían escuchar expresiones de admiración como “¡qué mono!” y “¡papi, quiero uno!” en referencia a los pequeños roedores que también hicieron su aparición. El caos natural de la llegada de tantos animales sumado a la alegría de los niños creó un ambiente vibrante y lleno de vida.
Un encuentro comunitario
A pesar de las inclemencias del tiempo, la calidez del encuentro fue palpable. Padres y abuelos acompañaron a los más pequeños, y el patio se transformó en un punto de encuentro vecinal, donde se compartieron risas y fotografías. Esta celebración no solo fortalece los lazos familiares, sino que también mantiene viva una tradición que cada año despierta la misma expectación.
Con eventos como este, el colegio San Antonio de Padua reafirma su compromiso con las tradiciones locales, creando experiencias que perduran en la memoria de los alumnos y sus familias mucho más allá de la festividad de San Antón. Así, un día en el que los ladridos superaron al timbre de clase se convierte en un recuerdo imborrable en la vida de la comunidad educativa.
