La industria del tabaco y el petróleo: estrategias de negación

La industria petrolera ha adoptado tácticas similares a las de la industria tabacalera para desacreditar la evidencia científica sobre el cambio climático, según un análisis exhaustivo de las estrategias de negación. Desde los años 50, la industria del tabaco utilizó métodos para ocultar información y manipular la opinión pública, lo que ha llevado a la actual crisis climática, reconocida por la comunidad científica desde hace décadas.

Negación organizada del cambio climático

Desde que se comenzaron a publicar investigaciones que relacionan las emisiones de gases de efecto invernadero con el calentamiento global, la industria del petróleo ha generado confusión al promover un «falso debate». Este término se refiere a la práctica de presentar a científicos y negacionistas como si ambos tuvieran la misma validez, lo que ha distorsionado la percepción pública sobre la realidad del cambio climático. Expertos como Naomi Oreskes, de la Universidad de California San Diego, han denunciado esta táctica, que recuerda a la utilizada por las tabacaleras para desacreditar los efectos nocivos del tabaco.

En 2004, Oreskes recopiló aproximadamente mil estudios en la revista Science que demostraban el consenso científico sobre el cambio climático. Sin embargo, su trabajo fue objeto de ataques personales y acusaciones, lo que llevó a su universidad a crear un comité que finalmente consideró su investigación «intachable». Junto a Erik M. Conway, Oreskes publicó en 2010 el libro Mercaderes de la duda, en el que se analizan las conexiones entre intereses económicos y negacionismo científico.

La estrategia de las petroleras

Una investigación del Los Angeles Times en 2015 reveló que ExxonMobil era consciente del impacto de su actividad en el cambio climático, basado en estudios que habían financiado. A pesar de esto, la compañía promovió una narrativa negacionista. Documentos internos, como un memorándum de 1981 del director Roger Cohen, advertían sobre «efectos catastróficos» derivados del calentamiento global. Un informe interno de 1982 predijo el patrón de calentamiento que observamos hoy y recomendó una transición hacia fuentes de energía sostenibles.

La investigación del Los Angeles Times llevó a las fiscalías de Massachusetts y Nueva York a investigar a ExxonMobil. En 2019, concluyeron que la empresa había ocultado datos y participó en una campaña para engañar a consumidores e inversores. Recientemente, investigadores de la Universidad de Harvard publicaron un estudio en Science que destaca la precisión de las predicciones de aquellos científicos contratados por la petrolera.

Estas tácticas han evolucionado para adaptarse a una ciudadanía cada vez más consciente de la crisis climática. Movimientos como el inaccionismo y el obstruccionismo han surgido, donde sus defensores reconocen el cambio climático pero promueven la inacción, argumentando que es demasiado tarde para actuar o que las políticas climáticas son perjudiciales para la economía.

El desafío actual radica en contrarrestar la desinformación y la polarización que han distorsionado la voz de la ciencia. Las redes sociales han amplificado este fenómeno, permitiendo que los bulos se propaguen rápidamente. Para enfrentar la crisis climática, es crucial que la sociedad comprenda la realidad del problema y actúe en consecuencia. La batalla informativa es esencial para lograr un cambio significativo en la percepción pública y las políticas ambientales.