Antonio Pérez defiende su derecho a residir en su barco en Las Palmas

Antonio Pérez, conocido como Mónaco, ha vivido durante más de nueve años en su embarcación ‘Esperance’ en el Muelle Deportivo de Las Palmas. Sin embargo, a principios de 2022 recibió una carta de la Autoridad Portuaria de Las Palmas instándole a abandonar su puesto de amarre en un plazo de diez días, advirtiendo que, de no hacerlo, se procedería a su desalojo.

Apoyado por su representante legal, Mónaco sostiene que la argumentación de la Autoridad Portuaria es «errónea» y carece de base legal. Asegura que la legislación vigente relacionada con la actividad del muelle, que es de carácter público, no le prohíbe vivir en su barco, afirmando: «si no pudiera, no lo haría».

Intereses económicos en juego

Como propietario del ‘Esperance’ y representante de la Asociación ‘Mi barco, mi casa’, Mónaco ha estado muy involucrado en la defensa de los derechos de los residentes en el Muelle Deportivo. Critica lo que considera un interés económico por parte de la Autoridad Portuaria, que busca privatizar el muelle para maximizar sus beneficios. «Quieren privatizarlo sí o sí», subraya.

La situación geográfica del Puerto de Las Palmas, uno de los más importantes en la ruta del Atlántico, contribuye a la presión por obtener mayores ingresos económicos. Mónaco recuerda que la presidenta de la Autoridad Portuaria, Beatriz Calzada, ha visitado el País Vasco para promover el puerto y que se busca que empresas, tanto nacionales como internacionales, se presenten a un concurso para hacerse con su gestión.

El caso de Margarita y la vulnerabilidad de los residentes

La situación de Mónaco se ha visto reflejada en el desalojo forzoso de otra residente, Margarita, quien también fue afectada por la falta de apoyo legal. Según Mónaco, su situación de vulnerabilidad impidió encontrar una alternativa viable. Los problemas atribuidos a su embarcación, como la flotabilidad, los considera «excusas». «Si realmente tuviera problemas, se habría hundido», afirma.

También se alegaron problemas de higiene y el estado de la pintura del barco, que parecía quemada por el sol. «Han utilizado cualquier argumento para poder sacar ese barco y a Margarita del muelle», denuncia Mónaco.

A pesar de que la jueza aceptó que se puede vivir en el barco y en el muelle, también consideró los argumentos técnicos de la Autoridad Portuaria, que indicaban que el Claudine, el barco de Margarita, sufría de aluminosis, un problema relacionado con el hormigón. Mónaco refuta dicha afirmación, argumentando que esta patología es propia de edificaciones y no de embarcaciones, asegurando que «en el agua eso no existe».

Finalmente, Mónaco insiste en que tras revisar la documentación, no aparece en ningún lugar un peritaje o informe técnico que justifique el desalojo de Margarita, lo que pone en duda la validez de las acciones de la Autoridad Portuaria.