Más de medio centenar de personas se dieron cita este domingo en el cementerio de la Purísima Concepción de Melilla para participar en un recorrido conmemorativo que rindió homenaje a los militares fallecidos durante el Desembarco de Alhucemas en 1925. Esta iniciativa, liderada por las historiadoras Isabel Migallón y Elena Fernández Díaz, tiene como objetivo preservar la memoria de aquellos hombres que perdieron la vida en uno de los episodios más significativos de la historia militar española del siglo XX.
La propuesta despertó un notable interés entre los melillenses y se estructuró como una visita guiada a diversas áreas del cementerio donde descansan los restos —identificados o no— de soldados fallecidos entre el 8 de septiembre y comienzos de octubre de 1925, fechas clave de aquella operación militar. A lo largo del recorrido, las organizadoras compartieron datos históricos, perfiles biográficos y emotivas anécdotas que conectaron el presente con un pasado significativo de la ciudad.
Un recorrido por la memoria
Las investigadoras han documentado la historia personal de muchos de los militares caídos, en su mayoría muy jóvenes. Algunos murieron con tan solo 19 años, y el de mayor edad tenía 53. La franja de edad más común era entre 22 y 24 años, y muchos eran solteros. Provenían de diferentes puntos de España, especialmente de Madrid, pero también de otros países como Francia, Cuba o Portugal, integrados en el Tercio Extranjero. Según Migallón, cada uno de ellos representa “una historia de vida truncada”.
El recorrido comenzó en la parcela 14 del cementerio, donde se encuentra la tumba del sargento Eduardo Noguera, uno de los pocos enterramientos señalizados de la zona. A su alrededor reposan numerosos soldados del Tercio Extranjero sin ningún tipo de señalización. Gracias a una exhaustiva investigación en los libros de registro, se han podido identificar a algunas de las personas allí enterradas, aunque no figuran en lápidas visibles. “Sabemos quiénes están ahí, pero si alguien pasea por esa parcela, no encontrará indicios de una fosa militar”, explicó Migallón.
La siguiente parada fue en la galería exterior izquierda del Panteón de Héroes, donde reposan entre 20 y 21 oficiales, cuyas identidades sí están reflejadas en los nichos. Este espacio contrasta con otras zonas del cementerio, donde los restos descansan sin ningún tipo de señalización. También se visitaron el osario general y el osario del propio Panteón de Héroes, donde yacen soldados cuyos nombres no aparecen en lápidas, aunque están recogidos en los libros de enterramiento.
Historias que perduran
Una de las historias más significativas de la ruta fue la de la familia Welling, muy ligada a la vida militar de Melilla. El teniente Francisco Welling Gómez, fallecido el 19 de septiembre de 1925, fue recordado junto a otros miembros de su familia. Esta parada también permitió hacer mención al general Sanjurjo, uno de los organizadores del Desembarco de Alhucemas junto al mariscal francés Philippe Pétain. Aunque Sanjurjo no murió en combate, sus restos descansan en Melilla y fueron incluidos en el recorrido histórico como figura clave en la operación militar.
Posteriormente, en el Panteón de Aviación, la ruta se detuvo para recordar a otros oficiales, entre ellos Alfonso Gaona Pastor, un piloto fallecido en un accidente durante unas maniobras el 18 de septiembre. Gaona había sido propuesto para un curso de piloto en Estados Unidos, pero decidió acudir a Melilla al conocer la situación bélica y perdió la vida durante un vuelo de instrucción.
La penúltima parada fue en la parcela 13, donde se encuentra una tumba con dos nombres: Emilio Vilches Rojas y Federico Godino Gil. Se trata en realidad de la misma persona, Godino fue oficial de artillería y, tras abandonar el ejército, se alistó en el Tercio bajo un nuevo nombre, falleciendo en combate el 24 de septiembre. Su historia fue recordada a través de una nota escrita por Francisco Carcaño, que destaca: “Las faltas que por inexperiencia de juventud pudo cometer fueron borradas con su heroico comportamiento. El cabo Vilches, muerto por la patria, dejó inmaculado el apellido del teniente Godino”, leyó textualmente Migallón.
La ruta finalizó frente a la capilla, con un acto de recuerdo a los militares cuyos cuerpos fueron exhumados y trasladados a cementerios de la península, aunque en algunos casos se desconoce el lugar exacto. Entre ellos se encuentran el teniente Gonzalo Herrán Rodiles (La Almudena), el alférez Ángel Hernández Menor (Villena, Alicante), el teniente José Quinoza Oribe (Derio, Bilbao) y el capitán Miguel Rodríguez Vescanza, que posiblemente fue el primer español en pisar tierra en Alhucemas.
No obstante, no todos los soldados corrieron la misma suerte. La mayoría de los caídos permanecen en Melilla porque sus familias no podían costear el traslado de los restos. Solo algunas familias, principalmente de oficiales, disponían de los recursos necesarios para realizar este proceso, que implicaba embalsamar el cuerpo y tramitar su transporte. En muchos casos, incluso después de 100 años, aún no ha sido posible determinar en qué lugar exacto fueron reinhumados aquellos que sí salieron de la ciudad.
Este homenaje forma parte de una investigación iniciada hace más de 20 años por Isabel Migallón y el fallecido Eduardo Sarkinta. La historiadora ha acumulado un extenso archivo sobre los soldados caídos en las campañas del norte de África, a partir de registros civiles, archivos del cementerio y miles de correos enviados a instituciones nacionales y extranjeras.
El evento no contó con apoyo institucional ni persiguió objetivos políticos. Fue un acto gratuito, donde se animó a los asistentes a llevar flores rojas y amarillas para formar simbólicamente la bandera de España sobre las tumbas. “Nosotras no tenemos nada que ver con temas de política. Solo buscamos que su sacrificio no se quede en el olvido”, aseguró Migallón. Durante el recorrido, se repartieron marcapáginas conmemorativos impresos por la empresa local.
La alta participación confirmó que existe un interés real por conocer la historia militar. “Melilla sabe recordar a su gente. Los melillenses, de nacimiento o de corazón, son únicos en esto”, concluyó la historiadora, visiblemente emocionada tras realizar esta ruta y observar la acogida que ha tenido por parte de la población.
