A las puertas del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, la actriz vizcaína Amaia Aberasturi reflexiona sobre la representación de las mujeres en el cine y la televisión, un sector que no solo refleja los cambios sociales, sino que también participa activamente en ellos. En este contexto, Aberasturi ha consolidado su carrera mientras observa cómo evoluciona esta industria, que cada vez más se enfrenta a la necesidad de abordar la equidad de género y la protección de las intérpretes.
A pesar de su creciente éxito, la actriz se mantiene arraigada a sus orígenes en Gautegiz Arteaga, su pueblo natal, donde regresa siempre que puede. “Sigue siendo mi pueblo. Allí viven mis padres, es donde me siento en casa”, comparte con orgullo. En este entorno, Aberasturi encuentra el equilibrio necesario entre su vida profesional y personal, priorizando la naturaleza, el deporte y la familia.
Trayectoria y reconocimiento
Desde sus inicios en el mundo de la interpretación, que comenzaron a los once años con el casting de la película Zigortzaileak (2010), Aberasturi ha demostrado una notable evolución. La formación en Cine y Televisión en la escuela Central de Cine de Madrid y en danza contemporánea han sido fundamentales para su desarrollo. Su carrera incluye papeles en series como Víctor Ros, Cuéntame cómo pasó y la producción de Netflix, Bienvenidos a Edén, así como en el largometraje Vitoria, 3 de marzo.
Uno de los hitos más destacados en su trayectoria fue Akelarre, que le valió una nominación al Goya a mejor actriz protagonista en 2021. “Fue algo súper inesperado”, reconoce, señalando que este reconocimiento le abrió nuevas oportunidades en la industria. Su papel en la reciente producción Beguinas reafirma su capacidad como protagonista en el cine actual.
Reflexiones sobre la industria y la equidad de género
Al abordar su experiencia como mujer en el cine, Aberasturi se muestra consciente de las dificultades que enfrenta en un entorno predominantemente masculino. “A veces no sé si es por ser mujer o por ser joven; hay momentos en los que me entra la duda”, confiesa. Reconoce que su apariencia puede influir en cómo se le percibe, pero indica que ha sabido imponerse a través de su trabajo.
Uno de los cambios más significativos en la industria ha sido la introducción de la figura del coach de intimidad, un profesional que se encarga de preparar y acompañar a los actores en escenas íntimas. “Desde que tenemos la figura del coach de intimidad creo que la mujer está muchísimo más protegida”, afirma Aberasturi, subrayando cómo esta práctica ha transformado la forma de abordar estas secuencias en el cine.
A pesar del progreso, la actriz señala que todavía hay un camino por recorrer en la construcción de personajes femeninos. “Si veo una mejoría”, comenta, aunque recuerda que durante mucho tiempo los papeles para mujeres eran secundarios. “Antes era evidente que a partir de los 40 solo podías hacer papeles de madre o hermana”, reflexiona, mientras observa que ahora empiezan a surgir proyectos donde las mujeres tienen roles centrales.
Aberasturi también critica la presión estética que recae sobre las actrices en comparación con sus colegas masculinos. “A los hombres con arrugas se les ve sexys, pero a las mujeres nos cuesta más que se nos vea así”, sostiene, abogando por una mayor aceptación de la naturalidad en la industria. Este conjunto de reflexiones conecta con su firme creencia en la lucha por la igualdad de derechos. “Creo firmemente en luchar por derechos iguales en hombres y mujeres”, concluye, reafirmando su compromiso hacia un futuro más equitativo en el cine.
