Aurora y Maruja Ferradás, dos hermanas nacidas en Surribas (O Irixo), han demostrado que la ceguera no es un obstáculo para llevar una vida plena y activa. A pesar de haber perdido la visión, ambas recuerdan los colores de su infancia y han logrado construir un camino lleno de logros personales y profesionales.
Desde pequeñas, su invidencia no fue un motivo de limitación, gracias a un entorno familiar que les brindó apoyo y amor. Sin embargo, el mundo que conocían se limitaba en gran medida a su hogar. Una frase resonó en su memoria durante años: “Como en tu casa no estarás en ningún lado”, una reflexión que marcó sus vidas y su deseo de independencia.
Un cambio de rumbo
Todo cambió cuando escucharon un programa de radio que hablaba sobre la ONCE y las escuelas para personas con discapacidad visual. Aurora, con una determinación admirable, decidió trasladarse al Centro de Rehabilitación en Castell Arnau Sabadell a una edad muy temprana, a pesar de la resistencia inicial de su padre. “Fue el momento en que confié en la razón y no en el corazón”, recuerda.
La experiencia en el centro fue transformadora. Aprendieron a leer en braille, a desplazarse con autonomía utilizando el bastón y a vender cupones. Maruja se unió poco después y describe su vida en ese momento como “estar dentro de una película”. Ambas hermanas descubrieron un mundo de posibilidades que antes les parecía inaccesible.
Logros y superación personal
La vida de Aurora y Maruja no estuvo exenta de desafíos. Cuando su padre falleció, él mismo admitió que le costó más que ver a un familiar morir. Sin embargo, un día visitó a sus hijas y se dio cuenta del crecimiento y la independencia que habían alcanzado. Aurora le mostró, sin ayuda, un recorrido por la ciudad, lo que hizo que su padre entendiera que había subestimado sus capacidades.
Tras su formación, Aurora se dedicó a la fisioterapia, mientras que Maruja trabajó como recepcionista y telefonista en la Consejería de la Presidencia de la Generalitat de Cataluña. Además, ambas han destacado en diversas actividades como el teatro, la lectura y la hípica, logros que han alcanzado gracias a sus propios méritos.
Hoy, ya jubiladas, Aurora y Maruja viven en Barcelona y cada año regresan a su pueblo natal para recordar sus raíces. “Yo no creo en la integración; la integración la hace la propia persona”, enfatiza Aurora, reflejando su filosofía de vida y la fuerza que ambas han demostrado a lo largo de los años.
