La historia de Avelino Fernández, un sereno de 91 años originario de Cangas del Narcea, refleja la vida de muchos emigrantes asturianos que encontraron en Madrid una nueva oportunidad. Tras cumplir con el servicio militar en la aviación, Avelino decidió quedarse en la capital, donde sus hermanos, también serenos, le animaron a unirse a esta profesión que velaba por la seguridad en las noches madrileñas. Así, comenzó un camino que lo mantuvo en activo durante casi tres décadas, un período en que más del 80 por ciento de los serenos de la ciudad provenía de su localidad natal.
Un oficio con corazón y anécdotas
Avelino recuerda con cariño su etapa como sereno, especialmente la relación con los vecinos. “Me apreciaban muchísimo, me tenían como de la familia y siempre estaban dispuestos a ayudarme”, rememora con una sonrisa. Las anécdotas que guarda son innumerables, desde momentos agradables hasta situaciones preocupantes. “Una vez, me encontré con tres personas en la calle y, días después, vi sus fotos en el periódico: eran integrantes de ETA y estaban en busca y captura”, relata. Sin embargo, su labor iba más allá de la vigilancia; acompañaba a los vecinos hasta el ascensor, un gesto que era muy valorado por quienes lo conocían.
El trabajo de sereno no era fácil, ya que se debía “comprar la plaza” para ejercer, un coste que en el caso de Avelino fueron 125.000 pesetas (751 euros), una suma considerable en aquellos años. Esta inversión le daba acceso a un oficio que, además de ser duro, se sustentaba en las propinas y carecía de seguridad social, lo que le obligaba a recurrir a un seguro privado. Para complementar sus ingresos, Avelino también trabajó como conserje en un edificio de la calle Granada.
Desafíos en un entorno cambiante
A pesar de su aprecio por la profesión, Avelino reconoce que los últimos años fueron complicados por el aumento de la delincuencia en la ciudad. “Llegó un momento en que la vida corría peligro; había mucha delincuencia, rompían cristales y nos amenazaban”, explica. Para hacer frente a estas situaciones, siempre llevaba una pistola. Su compromiso con la seguridad ciudadana lo llevó a convertirse en policía local en 1974, cuando el cuerpo de serenos comenzó a disolverse, integrándose finalmente en la unidad especial de tráfico.
El 6 de diciembre de 2023, el Ayuntamiento de Cangas del Narcea organizó un homenaje a los serenos que trabajaron en Madrid, un evento al que Avelino fue invitado. Su sobrino, Javier Fernández, también hijo de sereno y policía municipal, fue quien propuso el viaje para que su tío pudiera asistir. Avelino tuvo el honor de descubrir una placa en su memoria en la entrada del Ayuntamiento, junto al alcalde José Luis Fontaniella y Alicia Martínez Monteserín, quien fue la impulsora del homenaje y ofreció una ponencia sobre la vida de los serenos.
La trayectoria de Avelino Fernández es un reflejo de la dedicación y el compromiso de quienes, como él, han contribuido a la seguridad y bienestar de las comunidades en las que han vivido y trabajado. Su legado perdura no solo en las calles de Madrid, sino también en el cariño y reconocimiento de aquellos que tuvieron la fortuna de conocerlo.
