La odisea del estreno de ‘La naranja mecánica’ en España

El estreno de ‘La naranja mecánica’, la icónica película de Stanley Kubrick, en España fue un verdadero desafío marcado por la censura del régimen franquista. Aunque la película se había estrenado en el Reino Unido en 1971, su llegada a las pantallas españolas no ocurrió hasta el 24 de abril de 1975, en la vigésima edición de la Semana Internacional de Cine de Valladolid. Este evento tuvo lugar en un contexto social agitado, donde la represión y la resistencia comenzaban a dar forma a una nueva realidad en el país.

El régimen de Franco controlaba con mano de hierro cualquier manifestación que pudiera ser considerada transgresora, y las imágenes perturbadoras y violentas de la película no eran bien recibidas. En Barcelona, el público se veía obligado a cruzar la frontera hacia Perpiñán para poder ver películas prohibidas. Este panorama cambió, aunque de manera gradual, cuando el documental ‘La naranja prohibida’ de Pedro González Bermúdez recordó los acontecimientos que rodearon el estreno.

La proyección en Valladolid simbolizaba un paso hacia la modernidad, en una ciudad conocida como «fachadolid» por su conservadurismo. Durante esos años, Valladolid se convirtió en el epicentro de manifestaciones estudiantiles y sindicales, un caldo de cultivo para un público ansioso de cambio. A finales de 1971, la película había generado controversia en el Reino Unido, donde fue retirada de las salas tras recibir amenazas de muerte y por su supuesta incitación a la violencia.

La llegada de ‘La naranja mecánica’ a España fue, por tanto, una paradoja. En 1973, se estrenó una producción española con influencias de la obra de Kubrick, titulada ‘Una gota de sangre para morir amando’, que también buscaba aprovechar el interés generado por la película prohibida. Sin embargo, fue la decisión de la Warner Bros. de contactar con el director del festival, Carmelo Romero, lo que finalmente permitió que la película se proyectara en Valladolid.

El ambiente social estaba cargado de tensión. Las protestas universitarias llevaron al cierre de la facultad de Valladolid a mitad de curso, lo que hizo aún más relevante el anuncio de la proyección de ‘La naranja mecánica’. A pesar de los esfuerzos, Kubrick se mostró reticente a autorizar la proyección, temiendo que la ciudad no contara con los medios adecuados. Sin embargo, tras una carta explicativa, aceptó que la película se proyectara en dos cines de la ciudad: el cine Coca y el teatro Carrión.

El evento atrajo a cientos de jóvenes que hicieron colas toda la noche para conseguir entradas. La proyección, custodiada por un pequeño equipo de antidisturbios, se vio interrumpida brevemente por una amenaza de bomba, pero Carmelo Romero decidió continuar, sabiendo que tales amenazas eran comunes en eventos de gran concurrencia.

Finalmente, la proyección transcurrió sin incidentes, y los asistentes quedaron cautivados por la brutalidad y la estética de la película. La cinta llegó a más pantallas en noviembre de 1975, justo antes de la muerte de Franco, marcando un hito en la historia del cine español. En Madrid, se proyectó en el cine Cid Campeador, donde la demanda era alta, aunque se limitó el número de entradas vendidas por sesión.

La proyección estuvo precedida por el habitual Noticiero del Movimiento, que dedicó un reportaje a la vida de Franco. En una curiosa coincidencia, durante la proyección de ‘La naranja mecánica’, las imágenes de la reeducación de Alex, forzado a ver escenas de destrucción de la Segunda Guerra Mundial con la música de Beethoven, provocaron risas entre el público, lo que reflejaba el cambio en la percepción social.

Años después, la película se estrenaría en salas comerciales en versión doblada, pero ya había dejado una huella imborrable en el panorama cinematográfico español. A pesar de los obstáculos, ‘La naranja mecánica’ se convirtió en un fenómeno cultural y en una de las películas más influyentes de la historia, invitando a la reflexión sobre la violencia y la libertad en un momento de cambio radical en España. Hoy, resulta inevitable preguntarse cuántos productores se atreverían a apoyar un filme tan provocador y valiente en la actualidad.