Bart De Wever criticado por proponer normalizar relaciones con Rusia

El primer ministro belga, Bart De Wever, ha suscitado una oleada de críticas tras solicitar a la Unión Europea que «normalice» las relaciones con Rusia con el objetivo de acceder a «energía barata». Esta declaración se produce en un contexto de crisis energética agravada por el cierre del estrecho de Ormuz y el aumento del precio del gas y el petróleo. Las reacciones han sido rápidas y contundentes, tanto desde sus propios socios de coalición como desde altos responsables europeos.

En una entrevista con el diario económico L’Echo, De Wever argumentó que Europa necesita «llegar a un acuerdo» con Vladimir Putin para contener los costes energéticos, aunque matizó que no se debe ser «ingenuos» con Moscú. Sin embargo, sus palabras han sido interpretadas como un intento de debilitar la unidad europea en medio de la guerra en Ucrania, lo que ha llevado a sus socios coalicionistas a recordarle que volver a comprar gas ruso implicaría, de facto, financiar la maquinaria bélica que sostiene la invasión de Ucrania.

En este sentido, el partido Cristiano Demócrata y Flamenco advirtió que «volver a comprar más gas a Putin solo dará más dinero a Rusia para continuar su guerra». Por su parte, el comisario europeo de Energía, Dan Jørgensen, reafirmó que la UE ya había decidido dejar de importar energía rusa, y que esta decisión se había convertido en ley antes de Navidad.

Consecuencias políticas y críticas internas

Las críticas no se limitan a la oposición, ya que dentro de su propia coalición los socialistas flamencos y democristianos han manifestado su desacuerdo con la postura de De Wever. El ministro de Exteriores belga, Maxime Prévot, ha tenido que intervenir para reducir el impacto diplomático de las declaraciones del primer ministro, subrayando que Bélgica mantiene su «inalterable» apoyo a Ucrania y que no se ha pedido aliviar las sanciones impuestas a Rusia.

Además, la cercanía de De Wever con Carles Puigdemont, expresidente catalán, reaviva las sospechas sobre los vínculos entre el independentismo catalán y Rusia, un tema que ha cobrado relevancia en el debate público. De Wever ha sido un aliado constante de Puigdemont, ofreciendo apoyo político y logístico desde su partido, la N-VA, lo que ha generado preocupación en el contexto de las investigaciones sobre el llamado RusiaGate.

El ‘RusiaGate’ y las implicaciones para la UE

El giro de De Wever hacia una posible «normalización» de las relaciones con Moscú ha llevado a analistas y diplomáticos europeos a considerar un escenario «explosivo» para la política exterior de la UE. Las conexiones entre De Wever y Puigdemont, así como la búsqueda de una política más blanda hacia Rusia, complican aún más la situación.

Las investigaciones sobre el entorno de Puigdemont, particularmente los contactos de Josep Lluís Alay con figuras rusas, han alimentado estas preocupaciones. Alay, considerado el principal enlace de Puigdemont en Moscú, ha sido vinculado a intentos de establecer lazos entre el independentismo catalán y el Kremlin, lo que agrega una capa de tensión a la situación.

De Wever ha intentado minimizar el «terremoto político» que sus declaraciones han generado, argumentando que se ha exagerado la «dimensión» de sus palabras. Sin embargo, el impacto en Bélgica y en las capitales europeas está lejos de desaparecer, y las críticas continúan intensificándose mientras el primer ministro navega por un mar de controversias.