La cumbre del G-20 que se celebra este fin de semana en Johannesburgo está marcada por importantes ausencias y un fuerte impacto geopolítico debido al plan de Estados Unidos para Ucrania. Los líderes europeos y el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, se han visto obligados a mantener consultas urgentes para diseñar una respuesta conjunta al plan de la Casa Blanca, elaborado sin su participación.
Poco antes de la cumbre, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, anunció que los líderes europeos se reunirán al margen del evento para discutir la situación en Ucrania. En un mensaje conjunto, Von der Leyen y el presidente del Consejo Europeo, António Costa, afirmaron: “No debe decidirse nada sobre Ucrania sin Ucrania”. Esto refleja la creciente preocupación por la falta de inclusión de Ucrania en las decisiones que afectan su futuro.
Por otro lado, la cumbre de este año se desarrolla sin la presencia de figuras clave como el expresidente estadounidense Donald Trump, el presidente ruso Vladimir Putin y el líder chino Xi Jinping. La ausencia de Trump, que ha decidido no enviar a ningún representante estadounidense, plantea retos diplomáticos significativos, ya que el foro opera bajo un sistema de consenso. Así, la falta de un liderazgo estadounidense directo podría dificultar la elaboración de una declaración conjunta.
Un G-20 sin líderes clave
Es la primera vez que un presidente de Estados Unidos se ausenta de una cumbre del G-20, y esta decisión ha sido justificada por Trump como una protesta ante lo que considera una persecución de la población blanca en Sudáfrica. Su elección de no participar, además, complica la dinámica del foro, que busca alcanzar compromisos significativos entre sus miembros.
La ausencia de Xi Jinping también ha generado sorpresa, ya que su presencia podría haber sido crucial para llenar el vacío dejado por Estados Unidos. Aunque China estará representada por su primer ministro, Li Qiang, la falta de algunos de los líderes más influyentes del mundo podría limitar la capacidad del G-20 para abordar temas urgentes y relevantes.
Por su parte, el mandato de arresto internacional que pesa sobre Putin ha llevado a que este no participe, y su decisión de enviar a un representante de menor rango en lugar de su ministro de Exteriores, Serguéi Lavrov, indica un cambio en la estrategia diplomática de Rusia. Además, la no asistencia de otros líderes como el presidente argentino Javier Milei y la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum refuerza la imagen de una cumbre con notables ausencias.
Objetivos y tensiones en la cumbre
La presidencia sudafricana ha trabajado en la preparación de esta cumbre durante un año, centrándose en prioridades fundamentales para África y el Sur Global. Entre los temas destacados se encuentran la resiliencia ante el cambio climático, la sostenibilidad de la deuda de países de renta baja y la movilización de recursos para una transición energética justa.
No obstante, las prioridades de los países miembros pueden divergir considerablemente. La Unión Europea ha hecho hincapié en la necesidad de abordar la sobrecapacidad de producción industrial de China, mientras que otros países buscan un impulso político hacia la transición energética, creando así un clima de tensiones y fricciones.
Además, la discusión sobre el formato de la declaración final de la cumbre ha generado desacuerdos. La presidencia sudafricana aspira a una declaración conjunta, pero Estados Unidos ha manifestado su preferencia por un enfoque basado en el consenso, lo que podría llevar a la elaboración de un documento alternativo, una situación que los organizadores buscan evitar a toda costa.
En medio de este panorama complejo, el G-20, que representa el 87% del PIB mundial y el 62% de la población, se enfrenta a un desafío significativo: mantener su relevancia y eficacia en un mundo cada vez más interconectado y lleno de retos globales que requieren cooperación internacional.
