La paciencia de Europa con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se está agotando debido a la guerra que ha estallado en Irán. Desde hace aproximadamente un mes, el conflicto, impulsado por Estados Unidos e Israel, está afectando gravemente a las economías a nivel global, incluida la europea, que comenzaba a mostrar signos de recuperación tras un largo periodo de escaso crecimiento. La preocupación en las capitales europeas aumenta ante la ausencia de un plan claro desde Washington para resolver esta crisis, lo que ha llevado a varios países a adoptar posturas de veto.
España ha sido pionera en esta resistencia, al vetar el uso de bases estadounidenses en su territorio y cerrar su espacio aéreo a aviones relacionados con operaciones de bombardeo. Otros países como Italia, Reino Unido y Francia se han sumado a esta iniciativa con bloqueos o restricciones, mientras que Polonia se ha negado a permitir el uso de sus baterías Patriot en la región del Golfo. En respuesta, Trump ha recurrido a insultos y amenazas, mientras su secretario de Estado cuestiona la validez de la OTAN y los acuerdos sobre el uso de bases estadounidenses en Europa.
La inflación en la eurozona ha alcanzado el 2,5% en marzo, seis puntos más que el mes anterior, impulsada por el aumento de los precios de los combustibles a causa de la guerra, según datos de Eurostat. Este incremento en los precios se produce en un contexto de creciente descontento en las capitales europeas hacia Trump y su incierto discurso sobre la finalización del conflicto. El primer ministro de Irlanda, Micheál Martin, expresó su preocupación sobre las consecuencias económicas del conflicto, instando a que la guerra termine por el bien de las vidas humanas y la estabilidad económica global.
El secretario de Guerra de Estados Unidos, Pete Hegseth, ha defendido la estrategia militar estadounidense al afirmar que «no se puede ganar una guerra si se revela al adversario las propias intenciones». Esta postura ha generado tensiones incluso con aliados tradicionales como Polonia, cuyo ministro de Defensa, Władysław Kosiniak-Kamysz, ha desmentido la reubicación de las baterías Patriot a zonas del Golfo, enfatizando que «nuestras baterías se utilizan para proteger el cielo polaco».
En el Reino Unido, el primer ministro Keir Starmer ha estado intentando equilibrar su posición, evitando involucrarse en una guerra que considera carece de legitimidad, a la vez que defiende los intereses de los aliados del Golfo. Aunque ha autorizado el uso limitado de bases británicas para operaciones defensivas, su postura no ha satisfecho a Trump, quien ha criticado sus capacidades militares.
La ministra española de Defensa, Margarita Robles, ha reafirmado el compromiso de España con la OTAN y el multilateralismo, pero ha dejado claro que su país no apoyará ninguna acción que contravenga el derecho internacional. «Nuestra posición está respaldada por la mayoría de la población, tanto española como europea», afirmó Robles, subrayando que tras 30 días de conflicto, «nadie sabe qué ocurrirá con esta guerra».
Italia, bajo la dirección de su ministro de Defensa, Guido Crosetto, ha rechazado que Estados Unidos utilice la base de Sigonella para bombardeos en Irán, argumentando que no había habido consulta previa. Por su parte, Francia ha prohibido el uso de su espacio aéreo para el transporte de armamento estadounidense hacia Israel, la primera vez que adopta tal postura desde el inicio del conflicto.
La reacción de Trump ante estas negativas ha sido predecible, lanzando amenazas y afirmaciones provocadoras hacia sus aliados europeos. «Tienen que aprender a luchar por ustedes mismos, Estados Unidos ya no estará ahí para ayudarles», declaró, instando a los países a adquirir petróleo de Estados Unidos o simplemente «tomarlo» del Estrecho de Ormuz. Además, criticó a Francia por no permitir el paso de aviones militares con suministros a Israel, tildándola de «poco útil».
En medio de esta tensa situación, el secretario de Estado, Marco Rubio, ha puesto en duda el compromiso de la OTAN, sugiriendo que la negativa de varios países europeos a permitir el uso de bases estadounidenses podría afectar la alianza. «Si la OTAN solo consiste en defender a Europa, pero nos niega el uso de sus bases cuando las necesitamos, no es un acuerdo muy bueno», recalcó Rubio.
La postura de España ha sido atacada por el senador republicano Lindsey Graham, quien ha pedido sanciones contra el país por su negativa a colaborar en la guerra. Graham ha insinuado que se deberían trasladar las bases estadounidenses de España a un país más cooperativo, mostrando así el creciente descontento de la administración Trump hacia sus aliados.
A pesar de esta ira, las bases en Europa continúan siendo utilizadas para operaciones logísticas. Drones lanzados desde el Líbano han alcanzado bases británicas en Chipre, mientras que aviones estadounidenses han despegado de la base de Fairford en Inglaterra para operaciones que, según el Reino Unido, son limitadas. La situación plantea un dilema complicado para los países europeos, que intentan equilibrar sus relaciones con Estados Unidos mientras protegen sus propios intereses y principios.
