La fallida externalización de asilo a Albania cuesta 114.000 euros diarios

El proyecto de externalización de la tramitación de asilo a Albania, impulsado por la primera ministra italiana Giorgia Meloni, ha resultado ser un fracaso económico y logístico. Desde su implementación, se ha gastado más de 114.000 euros diarios en centros que permanecen casi vacíos, a pesar de las expectativas iniciales de un modelo eficiente que permitiría gestionar la llegada de migrantes a Europa.

Desde que Meloni asumió el cargo en otoño de 2022, su administración prometió cambiar drásticamente la política migratoria italiana. Uno de los pilares de su plan era trasladar a los solicitantes de asilo a dos centros en Albania, ubicados en Shengjin y Gjader, donde se esperaba que los migrantes fueran procesados sin entrar en el territorio de la UE. Sin embargo, la realidad ha sido muy diferente: los tribunales italianos y la legislación europea han puesto en duda la legalidad de este modelo, lo que ha llevado a que los centros permanezcan casi vacíos durante meses.

Un gasto desmesurado y un modelo fallido

El coste inicial destinado a la construcción de los centros fue de 39 millones de euros, pero este presupuesto se duplicó rápidamente hasta alcanzar los 74 millones de euros, según el medio de comunicación investigativo Follow the Money. Para financiar esta operación, el Gobierno italiano reestructuró fondos de diferentes ministerios, incluyendo casi 16 millones de euros de un fondo destinado a catástrofes naturales y otros 10 millones de euros del presupuesto de defensa.

A pesar de las justificaciones del Gobierno de que este enfoque resultaría en ahorros a largo plazo, la realidad es que el modelo se ha estancado por obstáculos legales. El Tribunal de Justicia de la Unión Europea ha dictaminado que los migrantes enviados a Albania deben ser trasladados de vuelta a Italia antes de su expulsión definitiva, lo que ha contribuido a la situación actual de centros vacíos.

Un acuerdo polémico y sus repercusiones

El acuerdo entre Italia y Albania también tiene un trasfondo histórico complicado. Italia ocupó Albania en 1939, lo que ha suscitado críticas sobre la reactivación de instalaciones controladas por Italia en suelo albanés. A pesar de ello, el primer ministro albanés, Edi Rama, ha defendido el acuerdo como una señal de amistad entre ambos países.

Sin embargo, la economía albanesa no ha visto un beneficio generalizado de este proyecto. Mientras que algunos empresarios locales han obtenido contratos lucrativos, la población en general no ha experimentado mejoras significativas. Esta situación ha llevado a cuestionar la eficacia del modelo propuesto por Meloni, que está siendo observado con atención por otros países europeos que contemplan implementaciones similares.

La Comisión Europea, liderada por Ursula von der Leyen, ha elogiado el «enfoque creativo» de Meloni, abriendo la puerta a que otros Estados miembros consideren modelos parecidos. Sin embargo, el primer ministro albanés ha sido claro al señalar que no están dispuestos a establecer acuerdos similares con otros países, reiterando que Albania no puede convertirse en el vertedero de problemas migratorios ajenos.

A medida que se discute el futuro de este modelo, parece que el plan de Meloni enfrenta serios desafíos tanto legales como prácticos, lo que deja a la política migratoria europea en una encrucijada.