La guerra actual en Oriente Medio ha suscitado numerosas reacciones y análisis, entre ellos el de Bertrand Badie, profesor emérito de Sciences Po, quien examina el conflicto a través de la historia de las relaciones internacionales y los fracasos occidentales desde la descolonización. Badie, de madre francesa y padre iraní, destaca la resiliencia del régimen iraní frente a los intentos de Estados Unidos e Israel por desestabilizarlo.
La familia de Badie, originaria de Hamadán, una ciudad del oeste de Irán fundada en el siglo VIII a.C., emigró a París en 1928, un viaje que parece sacado de una novela de aventuras. Su padre, médico, sufrió discriminación por su origen, lo que marcó profundamente a Badie, quien vivió en carne propia la humillación y los prejuicios. Esta experiencia ha moldeado su visión sobre el conflicto actual, que describe como angustiante y cargada de incertidumbre.
La percepción occidental y el sufrimiento iraní
Badie expresa su indignación ante el desprecio que siente que Occidente muestra hacia el pueblo iraní. Su sufrimiento, según argumenta, ha sido minimizado o caricaturizado. Recuerda el bombardeo de una escuela de niñas que causó la muerte de 180 personas, un hecho que fue atribuido erróneamente al régimen iraní cuando, en realidad, fue un ataque estadounidense. Este tipo de eventos pone de manifiesto la falta de atención a las realidades que enfrenta el pueblo iraní, que a menudo son ignoradas en la narrativa internacional.
El académico critica también las declaraciones de líderes como el canciller alemán Friedrich Merz, quien enfoca el conflicto desde una perspectiva económica, sin abordar el sufrimiento humano que lo acompaña. Para Badie, mientras el régimen iraní es represivo, Estados Unidos e Israel son responsables de crear caos y desorden en la región, buscando asegurar su propia ventaja.
La irracionalidad de la guerra y el futuro de la región
En su análisis, Badie señala que la guerra ha cambiado de naturaleza desde 1945; ya no se lucha por objetivos políticos claros. La confusión actual sobre lo que se busca —ya sea un cambio de régimen, desmilitarización o control del programa nuclear— lleva a una situación sin vencedores, solo con vencidos. Este patrón se ha repetido en conflictos anteriores como en Vietnam, Afganistán e Iraq, donde la incapacidad de establecer un nuevo orden resulta en destrucción y caos.
Badie enfatiza que el desorden creado por las potencias occidentales también genera respuestas caóticas, como las acciones de Irán en el Golfo Pérsico. La guerra del desorden hace que incluso un régimen debilitado pueda causar estragos, lo que plantea un escenario alarmante para todos los involucrados. Además, cuestiona la idea de negociación como solución, sugiriendo que las negociaciones actuales son meras coartadas.
La historia muestra que incluso en situaciones desesperadas hay un momento en que la luz vuelve a brillar. Sin embargo, la crisis actual es costosa para todos los actores involucrados, desde Trump hasta las petromonarquías del Golfo, y es probable que esta presión económica lleve a los líderes a reconsiderar sus posiciones.
En última instancia, la perspectiva de Badie nos invita a reflexionar sobre cómo las humillaciones históricas han alimentado el nacionalismo y la resiliencia en Irán, planteando que la República Islámica fue en gran parte una respuesta a la humillación sufrida bajo la tutela estadounidense durante la dinastía Pahlaví. La historia y la identidad juegan un papel crucial en el abordaje de este conflicto, donde el orgullo nacional puede servir como un poderoso motor de resiliencia ante la opresión.
