La actriz argentina-española Natalia Verbeke ha regresado a la gran pantalla con la comedia musical ‘Todos los lados de la cama’, secuela de la famosa película ‘El otro lado de la cama’ estrenada en 2002. En una reciente entrevista con El Mundo, Verbeke, que acaba de cumplir 50 años, se adentra en su trayectoria y las presiones históricas que enfrentan las mujeres en la industria cinematográfica. Su declaración más impactante refleja un nuevo enfoque en su carrera: «Las actrices solemos tener una autoexigencia casi insana, esa sensación de tener que demostrar siempre el doble que los hombres, pues ya no me da la gana».
En esta nueva entrega, Verbeke retoma el papel de Paula, quien en la primera película era una joven inocente y ahora se presenta como una mujer madura y compleja. «Es bellísimo madurar», asegura la actriz, que siente que ella y sus compañeros han evolucionado naturalmente con el paso del tiempo. El reencuentro con Ernesto Alterio, Alberto San Juan y Pilar Castro ha sido una experiencia emocionante para Verbeke, quien destaca la complicidad que existe entre ellos: «Es muy bonito vernos todos ya mayores, porque lo somos, pudiendo jugar y divertirnos».
Reflexiones sobre la fama y la autoexigencia
Verbeke recuerda cómo el éxito de películas como ‘El hijo de la novia’, ‘El otro lado de la cama’ y ‘Días de fútbol’ la catapultó a la fama de manera repentina. «Me fui siendo casi anónima y volví siendo una estrella», confiesa, aunque admite que ese reconocimiento conllevó una exigencia brutal que le impidió disfrutar plenamente de esos momentos. «Mis mejores años profesionales fueron a la vez los peores a nivel personal. Me sentía como una impostora», reconoce.
La actriz también aborda la etiqueta de «sex symbol» que se le impuso en su juventud, señalando que nunca entendió esa imagen. «Era incómodo», explica, subrayando la cosificación que sufrió y la desconexión entre su identidad real y la imagen pública que se proyectaba. Actualmente, Verbeke se siente más feliz con menos y atribuye esta paz interior a la maternidad y a la madurez, que le han permitido relativizar tanto las exigencias externas como las propias.
Un cambio en la industria y una mirada al futuro
«La liberación te la dan la edad, las cicatrices de haber pasado por momentos peores y haber sido madre», afirma Verbeke, quien, aunque lamenta no haber tenido más hijos, considera que cada decisión que ha tomado ha contribuido a su satisfacción actual. «Soy la persona que soy por todos esos pasitos y me gusta esa persona», sentencia.
La actriz celebra que en los últimos años ha habido un cambio significativo en la industria cinematográfica, gracias a la creciente presencia de mujeres en roles de dirección, producción y guion. «Estamos viendo papeles de mujeres reales que antes no se veían», destaca Verbeke, quien se siente afortunada de trabajar en proyectos interesantes y de haber superado la crisis habitual que enfrentan las actrices a partir de los 40 años.
Con humor, Verbeke observa la libertad sexual de los jóvenes de hoy y admite que, aunque le da envidia, prefiere la estabilidad que ha alcanzado. Se define como una «pesimista que lucha constantemente por ser optimista», afirmando que el humor es su salvavidas. «Me río todo el tiempo, me despierto buscando siempre lo positivo, me obligo a ahuyentar mi pesimismo innato», explica.
Para ella, la felicidad no es algo que se obtiene sin esfuerzo: hay que perseguirla y trabajar en ella. Tras haber experimentado la presión de la fama y las exigencias de la industria, Verbeke reivindica la libertad de dejar atrás la autoexigencia desmedida y disfrutar de su labor sin la necesidad de demostrar nada. Su regreso con ‘Todos los lados de la cama’ no solo representa un reencuentro con un personaje icónico, sino también la confirmación de una mujer que ha aprendido a aceptar el paso del tiempo, valorar sus cicatrices y celebrar la madurez como un triunfo personal y profesional.
