En los últimos años, la solidez de las democracias ha sido puesta a prueba tanto por los ganadores como por los perdedores de diversos procesos electorales. Ejemplos notables incluyen el asalto al Capitolio en Estados Unidos por parte de seguidores de Donald Trump tras su derrota en las elecciones de 2020, así como el ataque a las sedes de los poderes del Estado en Brasil después de las elecciones generales de 2022. Por otro lado, en países como Hungría y Polonia, los partidos ganadores han implementado reformas que han debilitado los contrapesos institucionales, generando una creciente división entre vencedores y vencidos.
Este fenómeno nos lleva a cuestionar si el resultado electoral influye en el apoyo de la ciudadanía a los principios democráticos. Para ello, hemos analizado datos de encuestas realizadas tras 35 elecciones en 30 países a lo largo de los últimos años, combinados con la información sobre qué partidos formaron gobierno. También se han llevado a cabo dos estudios de caso detallados: las elecciones de Nueva Zelanda en 2017 y las presidenciales de Chile en 2021. Los resultados de estas investigaciones se publicarán próximamente en la revista Comparative Political Studies.
Resultados de la investigación
Investigaciones anteriores sugieren que, cuando un partido gana unas elecciones, sus votantes suelen experimentar una mayor satisfacción con el funcionamiento de la democracia en comparación con aquellos que apoyan a los partidos perdedores. Esta reacción es comprensible, pero más allá de esta satisfacción inicial, quisimos averiguar si ganar o perder afecta el compromiso con normas democráticas fundamentales.
Los resultados obtenidos han sido alentadores. Las encuestas muestran que, a pesar de que los ganadores tienden a estar más satisfechos con la democracia, no existen diferencias significativas en el apoyo a las normas democráticas entre ganadores y perdedores. Además, hemos analizado el impacto de la polarización afectiva, un fenómeno creciente que se refiere al grado de simpatía o rechazo que los votantes sienten hacia los electores de otros partidos.
La polarización y su efecto en la democracia
Nuestra hipótesis inicial sostenía que una mayor polarización afectiva incrementaría la brecha entre ganadores y perdedores en cuanto al apoyo a las normas democráticas. Sin embargo, los datos muestran que la satisfacción con la democracia varía con la polarización, pero el compromiso hacia principios democráticos se mantiene constante, lo que resulta sorprendente. Este patrón se repite en los estudios de caso de Nueva Zelanda y Chile, donde los cambios de gobierno afectaron la satisfacción con la democracia, pero no el compromiso democrático de los votantes.
Estos hallazgos ofrecen una perspectiva optimista: los ciudadanos de las democracias, en términos generales, mantienen su compromiso con los valores democráticos, independientemente de los altibajos electorales. Aunque los resultados de las elecciones pueden provocar alegría, frustración o indignación, la mayoría de los ciudadanos continúan considerando esencial el respeto a las reglas y que el poder debe estar limitado.
No obstante, es importante señalar que, en algunos casos, como los mencionados al inicio, existen diferencias significativas en el compromiso democrático entre ganadores y perdedores. Nuestros análisis sugieren que cuando esto ocurre, no se debe a los resultados electorales en sí, sino a que los votantes de partidos que cuestionan la legitimidad de los resultados suelen tener un compromiso democrático más débil, como se ha analizado en estudios similares.
Finalmente, es crucial seguir observando cómo evolucionan estas actitudes y bajo qué condiciones pueden cambiar, ya que pequeñas diferencias en el apoyo a los principios democráticos pueden generar consecuencias importantes a lo largo del tiempo, especialmente si se alimentan discursos que cuestionan la legitimidad de las instituciones.
