La emblemática juguetería Osorno, situada en el corazón de Sevilla, ha celebrado su quincuagésimo aniversario como un pilar fundamental en la infancia de miles de sevillanos. En un contexto marcado por la disminución de la natalidad y una infancia que parece acortarse, este establecimiento se mantiene como un auténtico refugio de tradición y diversión. Carolina Osorno, actual responsable del negocio, asegura: “No queremos que la esencia del juego se pierda en los niños; eso es la infancia y por lo que nosotros apostamos”.
Desde que su padre, Francisco Osorno, fundara la tienda en 1975, las hermanas Osorno han heredado un legado que se pone de manifiesto en el escaparate de su tienda en la Plaza de la Magdalena. Este espacio no solo exhibe juguetes que han marcado la vida de varias generaciones, sino que también refleja la conexión emocional que sus clientes mantienen con la juguetería.
Adaptación a los nuevos tiempos
Carolina Osorno destaca que este año ha sido especialmente bonito, ya que muchos clientes se detienen a mirar con nostalgia los juguetes de su niñez. “El secreto de resistir cinco décadas es la fidelidad de nuestro público, quienes nos eligen por la cercanía y el asesoramiento que ofrecemos en nuestras siete tiendas”, explica. Sin embargo, reconoce que “mantenerse es muy difícil en los tiempos que corren”, refiriéndose a la competencia de grandes almacenes y comercios en línea.
La juguetería Osorno ha sabido adaptarse para sobrevivir. “No hay más remedio que adaptarse; si no, te comen”, asegura Carolina. Por ello, han diversificado su oferta para atender tanto al público más tradicional como al más moderno, incluyendo desde juguetes tecnológicos hasta clásicos como las muñecas Mariquita Pérez.
La tienda también ha lanzado una página web para pedidos en línea, respondiendo así a las demandas de sus clientes actuales. Este año, una de las novedades ha sido la inclusión de juguetes para perros, un reflejo de los cambios sociales y de la caída en la natalidad entre la población. “Se nota que hay menos niños y menos juego. En mis 23 años aquí, he visto que el tiempo de juego se ha acortado; antes los niños jugaban hasta los 13 años y ahora a los 9 ya no lo hacen”, comenta Carolina.
Desafíos en el mercado actual
A pesar de que las ventas han disminuido, la juguetería sigue asistiendo a la Feria del Juguete en Núremberg, Alemania, donde se presentan las últimas tendencias del sector. La campaña navideña, que tradicionalmente marca su temporada más fuerte, ha tenido un comienzo atípico este año, con las cartas a los Reyes Magos llegando más tarde de lo habitual.
Aunque no hay un juguete estrella como en años anteriores, entre los más vendidos destaca el muñeco Stitch y los bebés Reborn, en los que Osorno se ha convertido en especialista. Más allá de la Navidad, la juguetería también prepara campañas para el verano, la vuelta al cole y la Feria, destacando en este último caso los productos relacionados con el mundo del toro.
Un fenómeno interesante es el creciente interés de los adultos por los juguetes, con una categoría propia denominada “kidults”, que abarca productos orientados tanto a niños como a adultos, incluyendo Legos, figuras de vinilo coleccionables como los funkos, y maquetas. “Recientemente, una señora compró un Lego de Harry Potter para su hijo de 50 años”, relata Carolina, lo que evidencia la persistencia del juego a lo largo de la vida.
Entre los productos más populares estas Navidades se encuentra la nevera “Mini brands”, un frigorífico en miniatura que se llena con pequeñas tallas coleccionables de alimentos. La juguetería Osorno sigue así siendo un lugar donde la magia del juego perdura, a pesar de los retos que plantea el mundo moderno.
