El médico que advierte sobre el peligro del estrés crónico

El estrés ha sido identificado como uno de los problemas de salud más prevalentes y silenciosos de nuestra época. Según la Organización Mundial de la Salud, el estrés se define como un estado de tensión mental provocado por situaciones difíciles. Sin embargo, los datos revelan que este fenómeno va mucho más allá de un mal día puntual, pues muchas personas lo soportan durante meses e incluso años, lo que puede dar lugar a problemas de salud graves.

Cuando el estrés se mantiene en el tiempo, el cuerpo deja de compensar adecuadamente. Esto puede resultar en un aumento de la presión arterial, alteraciones en el metabolismo y trastornos hormonales, incrementando el riesgo de desarrollar enfermedades como la diabetes, la obesidad o problemas cardiovasculares. Por ello, no basta con dormir más o simplemente «tomárselo con calma» cuando la raíz del problema es más profunda.

La interpretación del estrés: una perspectiva diferente

En este contexto, el médico y cirujano Manuel Sans señala un factor crucial que a menudo pasa desapercibido: el estrés no surge tanto de lo que ocurre en el exterior, sino de cómo cada persona interpreta su entorno. Según Sans, el principal detonante del estrés es el ego. Aquellos que viven en un estado continuo de exigencia, comparación, miedo a perder o necesidad de control mantienen su sistema nervioso en alerta constante.

Esta tensión no se disipa por sí sola, ya que no depende únicamente del entorno, sino de la manera en que cada individuo se relaciona con él. Sans enfatiza que ninguna emoción es abstracta para el cuerpo; cada estado emocional tiene una traducción biológica concreta. El estrés activa neurotransmisores y hormonas que, si se mantienen en el tiempo, alteran el funcionamiento normal de órganos y sistemas.

Repercusiones del estrés en la salud

Las consecuencias del estrés trascienden el ámbito emocional. La bioquímica resultante de un estado constante de tensión influye en la inflamación, el sistema inmunitario y la regulación hormonal. Así, muchas enfermedades modernas no aparecen de forma aislada, sino acompañadas de estados prolongados de tensión emocional.

Desde esta perspectiva, controlar el estrés no se limita a cambiar hábitos externos. Es fundamental aprender a gestionar la respuesta interna. Reducir la carga del ego implica disminuir la reactividad emocional, aceptar mejor la incertidumbre y evitar vivir en un estado permanente de amenaza.

Según el cirujano, cuando se produce este cambio, el cuerpo lo nota de inmediato. La activación constante disminuye, se recupera la sensación de calma y el organismo deja de funcionar en modo de emergencia. Aunque no es una solución rápida ni superficial, esta estrategia es una de las pocas que abordan la raíz real del problema.