El reciente accidente ferroviario en Adamuz (Córdoba) ha dejado una profunda huella emocional en la sociedad española, generando una respuesta inmediata por parte del Ministerio de Sanidad. En coordinación con la Junta de Andalucía, se ha activado un protocolo de atención en salud mental para apoyar a las víctimas, sus familias y a aquellos que participaron en la gestión de la emergencia.
En una entrevista con EL PERIÓDICO, el psiquiatra Francisco González Aguado, subdirector del Comisionado de Salud Mental, enfatiza la preocupación colectiva que ha surgido tras el siniestro. «Estamos todos asustados, pero lo mejor es recobrar confianza con el mundo que nos rodea», afirma, destacando el impacto emocional que eventos de esta magnitud generan en la sociedad.
Prevención del trauma vicario
La actuación del ministerio busca prevenir el trauma vicario, un concepto que se refiere al sufrimiento emocional que afecta a aquellos que no son directamente víctimas del desastre, pero que se ven involucrados de alguna manera. González explica que este trauma puede afectar a familiares, amigos y a los profesionales que trabajan en la gestión de situaciones de crisis.
“Tradicionalmente, hemos clasificado los traumas en primarios, secundarios y terciarios”, detalla. “El trauma primario afecta a las víctimas directas, el secundario a sus familiares, y el terciario a quienes, aunque no presenciaron el evento, tuvieron que lidiar con sus consecuencias”. Esta nueva nomenclatura de trauma vicario busca humanizar las experiencias de aquellos que sufren sin haber estado en el epicentro del desastre.
El psiquiatra subraya la importancia de la asistencia psicológica inmediata. “La atención no es un complemento, es fundamental”, asegura, destacando que el apoyo emocional es vital para prevenir efectos a medio y largo plazo en la salud mental de las personas afectadas.
La importancia de la comunicación y el apoyo social
El miedo y la angustia son reacciones naturales tras una catástrofe, y es esencial que la sociedad reconozca estas emociones como parte del proceso de recuperación. “El miedo puede convertirse en un problema si nos ‘tiraniza’, impidiendo que llevemos una vida normal”, explica González. En este sentido, la comunicación abierta sobre estos sentimientos es crucial. Las personas deben sentirse apoyadas y saber que no están solas en su sufrimiento.
González también hace hincapié en la necesidad de crear un espacio para que las víctimas y los cuidadores puedan compartir sus experiencias y procesar lo vivido. “No hay que esconder el dolor bajo la alfombra; es importante que se sepa que hay ayuda disponible”, añade.
La colaboración entre el Ministerio de Sanidad y la Junta de Andalucía ha permitido la movilización de psicólogos especializados en emergencias, quienes están trabajando directamente con voluntarios y cuidadores para ayudarles a encontrar sentido a lo ocurrido. “La idea es establecer protocolos que garanticen una respuesta efectiva desde el primer momento en caso de un nuevo desastre”, concluye González.
En resumen, la atención a la salud mental tras tragedias como la de Adamuz no solo es necesaria, sino que se ha convertido en un imperativo social para ayudar a la comunidad a sanar y recuperar la confianza en su entorno.
