El uso de cannabis para la ansiedad aumenta el riesgo de paranoia

El consumo de cannabis como método de automedicación para tratar la ansiedad y la depresión está relacionado con un incremento significativo en el riesgo de sufrir paranoia y trastornos mentales graves. Esta es la principal conclusión de un nuevo estudio publicado en BMJ Mental Health, que se realizó con más de 3 300 adultos británicos.

La investigación, liderada por expertos del King’s College London y la Universidad de Bath, revela que aquellos que utilizan esta sustancia con fines terapéuticos tienden a consumir dosis más elevadas de THC, el principal compuesto psicoactivo del cannabis, y presentan síntomas que, en un contexto clínico, justificarían la necesidad de atención psicológica especializada.

Consumo de THC y sus efectos en la salud mental

Los investigadores midieron el consumo medio semanal de THC entre los encuestados, obteniendo un promedio de 206 unidades semanales, lo que equivale a entre 10 y 17 cigarrillos de marihuana de potencia media. Sin embargo, aquellos que afirmaron haber comenzado a usar cannabis para controlar la ansiedad o la depresión mostraron cifras notablemente más altas, alcanzando 248 unidades semanales en el caso de la ansiedad y 255 unidades semanales para la depresión.

El estudio indica que a mayor dosis de THC, más graves son los síntomas de paranoia, ansiedad y depresión. La automedicación con cannabis no solo lleva a un mayor consumo, sino que también multiplica la intensidad de los síntomas de paranoia.

Impacto del trauma infantil

Otro hallazgo relevante es que el cannabis tiende a amplificar los efectos del trauma infantil. Más de la mitad de los encuestados reportó haber sufrido algún tipo de abuso en su niñez, y entre estos, la probabilidad de desarrollar paranoia en la edad adulta es considerablemente mayor. La psiquiatra Giulia Trotta, coautora del estudio, señala que “existe una clara relación entre el trauma y la paranoia futura, y el cannabis puede exacerbar aún más este efecto dependiendo de la forma que adopte el trauma”.

El cannabis actúa como un amplificador del trauma infantil, aumentando significativamente el riesgo de paranoia en la edad adulta. Este hallazgo subraya la necesidad de que los médicos indaguen sobre el motivo del primer consumo de cannabis, ya que esta información podría ser crucial para identificar perfiles de riesgo.

La Dra. Emily Finch, presidenta de la Facultad de Adicciones del Royal College of Psychiatrists, advierte que es urgente desmantelar la idea de que el cannabis no es adictivo. “La sociedad debe ser más consciente de los daños potenciales del cannabis y de que su consumo puede tener efectos adversos significativos en la salud mental”, concluye.

La investigación subraya que la normalización del cannabis como estrategia de automedicación es peligrosa, especialmente entre jóvenes y personas con antecedentes de trauma. Con un aumento en el consumo y una percepción social de bajo riesgo, los expertos piden reforzar la prevención, mejorar la regulación y ampliar los recursos de salud mental.