En el Complexo Hospitalario Universitario de Santiago, la medicina nuclear se presenta como una especialidad en crecimiento que juega un papel crucial en el diagnóstico y tratamiento de diversas patologías. La doctora Virginia Pubul, jefa de la unidad, explica cómo este campo médico, a menudo desconocido, se basa en el uso de radiofármacos para ofrecer tratamientos precisos y efectivos.
La esencia de la medicina nuclear
En la planta menos dos del edificio D del hospital, los isótopos radiactivos y las radiaciones nucleares trabajan en un entorno controlado y organizado. La unidad se divide en dos alas: una dedicada a los profesionales sanitarios y otra a los pacientes, separadas por las herramientas que permiten diagnosticar y tratar con eficacia enfermedades cada vez más complejas.
La doctora Pubul destaca que “es una instalación radiactiva que está regulada legalmente, no solo por la Agencia Española del Medicamento, sino también por el Consejo de Seguridad Nuclear”, subrayando la seriedad con la que se aborda esta área de la medicina. En España, y especialmente en Galicia, este hospital lidera la medicina nuclear en diversas patologías, incluidas las terapias para tumores neuroendocrinos y cáncer de próstata.
La medicina nuclear no solo se limita a detectar enfermedades, sino que observa procesos en tiempo real. Los radiofármacos son esenciales en este ámbito, actuando como mensajeros que se distribuyen de manera molecular en el organismo, permitiendo así obtener información precisa sin afectar a otros tejidos. “Cada radiofármaco está diseñado para un objetivo específico”, explica Pubul, mencionando que algunos se fijan a receptores celulares, mientras que otros se asocian a rutas metabólicas.
El impacto de los radiofármacos
La primera sala de la unidad está destinada a la radiofarmacia, donde se almacenan y sintetizan los radiofármacos. A pesar de la percepción negativa que a veces se tiene sobre las radiaciones, la doctora Pubul enfatiza que “a lo largo del año en Europa salvan un montón de vidas”. De hecho, el 85 % de las radiaciones que una persona recibirá en su vida provienen de fuentes naturales, por lo que es fundamental desmitificar el uso de estos productos.
En la unidad, se administran radiofármacos para tratamientos como el hipertiroidismo, además de realizar pruebas diagnósticas. La doctora menciona el funcionamiento del ciclotrón, un acelerador de partículas que genera isótopos radiactivos de corta vida, cruciales para las pruebas de medicina nuclear. “Ese edificio de ahí es el que sintetiza los radiofármacos para el PET”, señala, destacando la importancia de esta tecnología en el diagnóstico médico.
Las gammacámaras y el PET son los equipos que permiten visualizar la función de órganos como los huesos, el corazón o los riñones. Mientras que las gammacámaras utilizan tecnología más analógica, el PET ofrece imágenes tridimensionales del metabolismo celular, resultando fundamental en la localización de tumores.
La doctora Pubul se muestra optimista respecto al futuro de la medicina nuclear, que considera multidisciplinar y transversal. “Con los radiofármacos podemos diagnosticar cualquier órgano o sistema del cuerpo humano”, afirma, poniendo un énfasis especial en el desarrollo de tratamientos oncológicos. “La mayor línea de desarrollo es el cáncer y la mayoría de los radiofármacos que se están desarrollando van a ser para la lucha contra él”, agrega.
En resumen, la medicina nuclear se encuentra en un momento de expansión en el que el diagnóstico es solo el comienzo. La doctora Pubul anticipa que en los próximos años, la especialidad se centrará más en la terapia, marcando un regreso a sus raíces terapéuticas. “Se calcula que la mayor actividad en los servicios de medicina nuclear será la terapia”, concluye, subrayando la importancia de la investigación y la educación en torno a esta disciplina.
