El Consell de Mallorca ha logrado un importante hito en la recuperación de su patrimonio histórico al adquirir la carta portulana de Pere Rossell, una pieza excepcional fechada en 1447. Esta compra se formalizó el lunes en la sede de Sotheby’s en Londres, marcando uno de los rescates patrimoniales más significativos de los últimos tiempos.
La carta, que había estado en manos privadas durante décadas, regresa a la isla para integrarse en el inventario público, permitiendo que todos los mallorquines puedan acceder a este invaluable tesoro de la Escuela Cartográfica Mallorquina. La operación fue llevada a cabo por Llorenç Galmés, presidente del Consell, y Antònia Roca, responsable de Cultura y Patrimonio.
Un legado cartográfico de gran valor
La carta portulana, firmada por el maestro Rossell —también conocido como Petrus Roselli—, representa la obra más antigua conservada de este autor y es un testimonio crucial del dominio técnico que la isla proyectó sobre el mundo entre los siglos XIII y XV. Este mapa, que ha recorrido un camino épico hasta su regreso, perteneció durante más de cuarenta años a la exclusiva colección de los bibliófilos Cindy y Jay Pritzker.
La subasta internacional ofreció una “oportunidad única” para evitar que este legado volviera a desaparecer en el mercado privado, como destacó David Goldthorpe, responsable de Manuscritos de Sotheby’s para Europa. “No podríamos haber deseado un mejor destino”, afirmó, celebrando el regreso de la carta más de 500 años después de que los trazos de Rossell se secaran sobre la vitela.
Características y destino de la carta
El valor de la carta reside tanto en su factura como en su estado de conservación. Elaborada sobre vitela, presenta un despliegue de precisión náutica con centenares de nombres trazados en caligrafía gótica, utilizando tintas negra y roja. Este documento, que combina el latín y el catalán, refleja la Mallorca de la época y funcionaba como un instrumento de navegación de gran formato en el Mediterráneo medieval.
Para Llorenç Galmés, esta compra representa un “hito histórico” y una “inversión estratégica” que asegura la permanencia del legado en manos de la ciudadanía. En la misma línea, Antònia Roca subrayó que la pieza es una “auténtica joya” que sintetiza el talento y la proyección internacional de la isla hace cinco siglos. El destino final de la carta ya está fijado en el Museo de Mallorca, que abrirá sus puertas en junio, permitiendo al público contemplar de cerca la obra de Rossell y cerrando así un círculo de más de medio milenio de historia.
