En el corazón verde de la región de Overijssel, se encuentra Giethoorn, un encantador pueblo de los Países Bajos que se ha ganado el apodo de ‘Venecia del Norte’. Con apenas 2.800 habitantes, este lugar destaca por su singularidad: no hay coches, solo canales que serpentean entre casas con techos de paja y jardines meticulosamente cuidados. La ausencia de asfalto convierte la experiencia de visitar Giethoorn en un viaje a otro tiempo, donde el sonido del tráfico es reemplazado por el suave fluir del agua y el canto de los pájaros.
Pueblo de origen medieval, Giethoorn fue fundado en el siglo XIII por monjes que se asentaron en estas tierras pantanosas para extraer turba. De esas excavaciones nacieron los canales que hoy dan forma a su fisonomía. El transporte en barca se ha convertido en la norma, y los visitantes pueden alquilar embarcaciones eléctricas, conocidas como whisper boats, que permiten deslizarse por el agua sin apenas emitir sonido, respetando así la tranquilidad de sus habitantes.
Regulaciones para la preservación del entorno
La creciente fama de Giethoorn, impulsada por su inclusión en el tablero mundial del Monopoly y por el auge de las redes sociales, ha llevado al municipio a establecer normas estrictas para preservar su esencia. La circulación en los canales está regulada y el ruido es controlado; está prohibido tocar cualquier bocina. Las bicicletas son permitidas, pero únicamente en los senderos perimetrales, dejando claro que el pueblo desea ser compartido, pero no invadido.
Un destino para cada estación
Durante el verano, Giethoorn se convierte en un espectáculo de colores con hortensias en flor y terrazas repletas de visitantes que disfrutan de la belleza del lugar. Sin embargo, en invierno, el pueblo recupera su paz original. Cuando el frío llega, los puentes se cubren de nieve y los canales se convierten en pistas de hielo, donde los vecinos cambian las embarcaciones por patines para desplazarse de casa en casa, creando una estampa profundamente neerlandesa.
Situado a poco más de una hora y media de Ámsterdam, Giethoorn se presenta como una escapada perfecta para quienes buscan una cara más tranquila de los Países Bajos, donde la naturaleza y la cultura se entrelazan en un entorno idílico que parece sacado de un cuento de hadas.
