La Costa da Morte, en Galicia, es un lugar donde la belleza natural se entrelaza con la historia trágica de la navegación. Entre sus acantilados y playas desiertas, destaca la ruta circular PR-G 158, que ofrece una experiencia única para los senderistas. Este camino comienza en la localidad de Camariñas, a 89 kilómetros de A Coruña y a 80 de Santiago, y permite explorar un litoral marcado por más de 140 naufragios en el último siglo, siendo el más conocido el del barco Serpent en 1890, donde perdieron la vida 172 tripulantes.
La ruta, que abarca 22 kilómetros en total, comienza en las ruinas del Castelo do Soberano y sigue la costa hacia el norte, pasando por la playa de Lago y llegando al emblemático cementerio de los Ingleses, donde descansan algunos de los marineros del Serpent. La primera playa que se encuentra en el trayecto es Pedrosa, famosa por su arena blanquísima y sus impresionantes olas que pueden alcanzar los 20 metros.
Un entorno natural y cultural
La Costa da Morte no solo es un lugar de tragedia, sino también un santuario para especies en peligro como el arao, cuya población ha disminuido drásticamente desde las 2 200 parejas en 1960. Este ecosistema, declarado sitio natural de interés nacional en 1933, alberga una flora vibrante que contrasta con su pasado sombrío, donde las plantas como la camariña dan nombre a la localidad.
Además de la ruta, los visitantes pueden disfrutar de actividades diversas, como la visita a las esculturas de cantos rodados del anacoreta alemán Manfred Gnädinger en el puerto de Camelle y degustar platos típicos en restaurantes como Villa de Oro, conocido por su rape con almejas y gambas. La localidad es también famosa por su encaje de bolillos, una tradición que se vive en las calles y que tiene su máximo exponente en el Museo del Encaje de Camariñas.
Alojamiento y gastronomía local
Para aquellos que deseen explorar la zona, hay diversas opciones de alojamiento. O Mar de Preciosa es un hotel que ofrece experiencias gastronómicas y contacto con la naturaleza, mientras que Taberna do Bico, regentada por jóvenes emprendedores, destaca por su cocina local y una selecta bodega de vinos gallegos.
En Camarinas, la hospitalidad se refleja en establecimientos como Stella del Mare, un hostal familiar con platos gallegos y pizzas artesanas. Cada rincón de esta ruta es una invitación a descubrir la riqueza cultural y natural de la Costa da Morte, donde cada paso cuenta una historia de mar y tierra.
