La doctora en Biomedicina y profesora titular de la Universitat Oberta de Catalunya, Diana Díaz-Rizzolo, ha advertido sobre la relación crítica entre los picos de glucosa y el envejecimiento prematuro. En su libro El efecto de la glucosa (Zenith, 2025), la investigadora explica cómo el consumo de azúcar y los niveles elevados de glucosa en sangre pueden acelerar el desgaste de los mecanismos que protegen nuestro cuerpo del paso del tiempo.
Díaz-Rizzolo, que divide su vida entre Barcelona y Nueva York, expone en su obra la historia de un paciente de 75 años llamado Pedro, quien, a pesar de cambiar sus hábitos, falleció de un infarto. La investigadora señala que este caso real ilustra la importancia de cultivar la salud desde una edad temprana, y que, aunque nunca es tarde para realizar cambios positivos, existen límites dependiendo de cada individuo.
La importancia del cuándo comer
La especialista en medicina traslacional subraya que no solo el qué y el cuánto comemos son relevantes, sino también el cuándo. Según sus investigaciones, las personas que consumen la mayor parte de sus calorías por la tarde o por la noche presentan una peor tolerancia a la glucosa, lo que incrementa el riesgo de desarrollar enfermedades metabólicas.
Los picos de glucosa, que son naturales, se convierten en un problema cuando son muy altos o se mantienen durante períodos prolongados. La investigadora explica que niveles de glucosa que superan los 200 miligramos por decilitro tras una comida son indicativos de un mal funcionamiento metabólico. Estos picos, además de ser perjudiciales, pueden causar inflamación de bajo grado, lo que a su vez puede llevar a un envejecimiento acelerado.
La conexión entre azúcar y salud
La doctora también destaca el impacto del azúcar en la piel. A través del proceso de glicación, el azúcar puede dañar las moléculas esenciales para la salud cutánea, como el colágeno y la elastina, provocando arrugas y pérdida de elasticidad. «El azúcar no solo afecta a nuestro interior, sino que también tiene efectos visibles en nuestro exterior», señala.
Además, Díaz-Rizzolo aborda el tema de la dependencia del azúcar, comparándolo con otras sustancias adictivas. Aunque no es igual de dañino que las drogas, el azúcar activa los mismos circuitos cerebrales de recompensa, lo que puede llevar a una dependencia. “Es crucial entender que el azúcar puede provocar tanto dependencia como tolerancia”, explica.
La investigadora concluye que para prevenir los picos de glucosa y sus consecuencias, es esencial realizar elecciones alimentarias adecuadas, practicar actividad física regular y asegurar un sueño reparador. «Cada pequeño cambio cuenta y puede marcar la diferencia en la salud y longevidad», enfatiza.
