La historiadora e ingeniera geoespacial Rocío Jiménez Díaz ha contabilizado un total de 643 indígenas canarios vendidos como esclavos durante la conquista del Archipiélago. En su investigación, que se enmarca entre los años 1450 y 1530, Jiménez ha documentado la venta de 553 aborígenes, en su mayoría mujeres, en mercados de la Península, así como 90 gomeros que fueron vendidos en Ibiza. Este trabajo ha sido respaldado por las investigaciones de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria y la Universidad de La Laguna, que han puesto de manifiesto el fenómeno del tráfico de esclavos de manera más amplia.
Durante una charla celebrada el pasado 9 de octubre en el bar Tenesor de La Isleta, Jiménez presentó los primeros datos de su investigación, destacando que 375 personas canarias fueron vendidas en Valencia, 153 en Sevilla y 25 en Barcelona. La investigadora también explicó que la documentación histórica incluye una carta fechada en 1490 del rey Fernando el Católico al gobernador de Ibiza, autorizando el desembarco de los gomeros para su venta, lo que evidencia la existencia de este tráfico de personas.
Las raíces de la esclavitud canaria
Jiménez, que se encuentra en el último año de su tesis doctoral, ha utilizado su formación en Historia y Geomática para llevar a cabo un estudio exhaustivo que no solo se limita a los números, sino que también rastrea las islas de origen de los esclavizados. Según sus hallazgos, Tenerife es la isla con el mayor número de personas vendidas, seguida de La Gomera, La Palma y Gran Canaria. Resulta sorprendente la baja cifra de esclavos de Gran Canaria, a pesar de ser la isla más poblada.
La razón de esta discrepancia podría estar en el uso del gentilicio, ya que los grancanarios eran referidos genéricamente como canarios, mientras que los de Tenerife, La Gomera y La Palma tenían identificaciones más específicas. En cuanto a los mercados, Valencia destaca como el principal, con 202 esclavos de Tenerife y 11 de La Palma, mientras que en Sevilla se registraron 53 gomeros y 25 guanches de Tenerife.
Un legado olvidado
La investigación de Jiménez también arroja luz sobre el destino de muchos de estos indígenas después de su venta. Aunque la esclavitud de los canarios fue prohibida en las primeras décadas del siglo XVI, algunos continuaron en la Península, mientras que otros fueron enviados a lugares como Madeira, donde trabajaron en la ganadería y en ingenios azucareros. Este fenómeno del sincretismo cultural ha llevado a la creación de nuevas sociedades en las islas, donde los nativos prehispánicos se mezclaron con los nuevos colonos.
Jiménez concluye que la cifra de 643 esclavos podría ser aún mayor, ya que su investigación está en curso y existen datos que permanecen ocultos por la falta de documentación. Además, estima que entre el 70% y el 80% de los esclavizados eran mujeres jóvenes, lo que refleja la estructura del mercado esclavista de la época, donde la demanda por trabajo doméstico era considerable.
La labor de Rocío Jiménez Díaz no solo contribuye a la comprensión de la historia de la esclavitud en Canarias, sino que también recuerda a aquellos que sufrieron en el silencio del olvido, destacando la importancia de seguir investigando esta parte oscura de la historia canaria.
