La necesidad de un Ministerio del Calor según Tomás Criado

El antropólogo y investigador Tomás Criado ha manifestado que la solución a los problemas climáticos urbanos no se limita a la simple plantación de árboles. En una reciente entrevista, Criado enfatiza la necesidad de un enfoque más integral, proponiendo la creación de un Ministerio del Calor para abordar la crisis que enfrentan las ciudades, especialmente en el contexto del cambio climático.

La sombra como aliada en la vida urbana

Criado, coordinador del Departamento de Umbrología de Barcelona, una institución dedicada al estudio de la vida urbana desde la perspectiva de las sombras, sostiene que una ciudad verdaderamente acogedora es aquella en la que no se requiere asimilarse. “La asimilación siempre es un proyecto violento”, advierte. Este enfoque busca repensar cómo las sombras pueden ofrecer soluciones a un entorno cada vez más caluroso y asfixiante.

El antropólogo, nacido en Madrid y con 44 años de edad, destaca que la sombra representa un espacio de diversidad y acogida. “Llevo mucho tiempo interesado en hacer converger dos temas que me preocupan: una ciudad acogedora con los cuerpos diversos y la catástrofe ambiental”, explica. Para Criado, el calor no solo afecta a la calidad de vida de los ciudadanos, sino que también expone a ciertos grupos más que a otros, creando una clara injusticia climática.

Retos de la infraestructura urbana

Según Criado, las viviendas en las ciudades no están preparadas para afrontar las noches de calor extremo, ya que carecen de un aislamiento adecuado. Aunque los refugios climáticos pueden ofrecer una solución temporal, el verdadero problema radica en la responsabilidad individual de poder costear aire acondicionado. “Sobrevivir al calor es una injusticia que se reduce a si puedes pagarte el aire o no”, afirma.

El antropólogo también critica cómo, a finales del siglo XX, la infraestructura se expandió hacia el extrarradio para eliminar el barraquismo. Este avance, aunque positivo, ha conducido a la creación de ciudades que priorizan la infraestructura sobre la calidad de vida. “Nos hemos olvidado de cómo estaba hecha la ciudad”, señala, advirtiendo que el hormigón ha dominado el paisaje urbano, limitando la diversidad de soluciones que podrían ser implementadas.

En este sentido, Criado propone que se abra un diálogo sobre la transformación del espacio urbano, criticando la regulación que impide intervenciones simples, como plantar sombrillas en las calles. “Las ciudades infraestructuradas tienen todos los problemas climáticos, como la inundabilidad o las islas de calor”, subraya, y menciona que Barcelona se enfrentará a un aumento de estos fenómenos debido al cambio climático.

Finalmente, el antropólogo advierte que plantar árboles no es suficiente para resolver la crisis climática. “El debate sobre la producción de energía requiere un Ministerio del Calor y una economía de acción directa”, concluye, abogando por un enfoque más radical y estructural que contemple la interrelación entre la arquitectura, el clima y la vida urbana.

Con la visión de un futuro donde la sombra y la diversidad sean aliadas en la construcción de ciudades más habitables, Criado invita a repensar nuestras estructuras urbanas y a adaptarlas a los nuevos desafíos que impone el calentamiento global.