Los vinos naranjas, una categoría de vino que ha ido ganando notoriedad en los últimos años, presentan una propuesta singular que desafía las convenciones tradicionales. A pesar de su historia milenaria, su presencia en España sigue siendo limitada, lo que provoca un halo de misterio y controversia a su alrededor. Según Óscar Marcos Gutiérrez, reconocido sumiller, “hablar de los vinos naranjas es un tema, a veces, un tanto polémico y delicado; no hay tanta información en España”.
Este tipo de vino, que se elabora a partir de uvas blancas que maceran con sus pieles, es una práctica que se remonta a miles de años en regiones como Georgia, Eslovenia y Friuli Venezia Giulia. La Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV) reconoce esta técnica como “uno de los patrimonios más antiguos de la vitivinicultura”, celebrando su rica historia y su reciente resurgimiento.
Una técnica milenaria resurgente
La elaboración de vinos naranjas consiste en fermentar el mosto de uva blanca en contacto con las pieles y semillas durante días, semanas o incluso meses. Este proceso transforma no solo el color del vino, que pasa a ser un dorado intenso o ámbar, sino también su textura y perfil aromático. “Los vinos naranjas son blancos con alma de tintos”, resume Gutiérrez, haciendo hincapié en su carácter volátil y profundo.
La maceración con pieles otorga a los vinos naranjas un perfil sensorial distinto, rico en taninos y polifenoles, lo que les confiere una estructura y un carácter que pueden resultar sorprendentes para los catadores novatos. “Son vinos que presentan siempre aromas más intensos, un color mucho más pronunciado”, añade Gutiérrez.
El vino naranja en la gastronomía actual
La versatilidad de estos vinos en la mesa es uno de sus mayores atractivos. Gutiérrez sugiere que los vinos naranjas se complementan perfectamente con la cocina asiática y platos picantes, gracias a su capacidad para realzar sabores. “Son ideales para la cocina oriental, toques muy especiados o con platos picantes. ¡Ahí son perfectos!”, afirma.
Además, combinan bien con ceviches, pastas aromáticas y quesos de carácter, como un cheddar viejo o un queso azul. Sorprendentemente, también se pueden maridar con postres que incluyan chocolate amargo y cítricos, creando un diálogo de sabores que enriquece la experiencia gastronómica.
La filosofía detrás de los vinos naranjas se alinea con las actuales tendencias hacia la sostenibilidad y la mínima intervención en la vinificación. “Son un ejemplo de sostenibilidad, porque realizan una viticultura ecológica y hay una mínima intervención externa”, explica Gutiérrez, enfatizando su relevancia en un panorama en el que la búsqueda de productos más naturales es cada vez más importante.
En resumen, los vinos naranjas no son simplemente una moda pasajera; son el producto de una técnica ancestral que ha encontrado un nuevo eco en el mundo moderno. A medida que más personas descubren su complejidad, es probable que estos vinos sigan capturando la atención de los amantes del vino en España y más allá.
