Agosto ha traído consigo una intensa ola de calor que afecta a gran parte de España, lo que resalta la importancia de mantener una adecuada hidratación en estos días calurosos. Los expertos subrayan la necesidad de evitar la exposición solar en las horas centrales del día y de prestar atención a nuestra alimentación, no solo para mantenernos saludables, sino también como una estrategia natural para regular la temperatura corporal.
Según Ma Belén Ruiz-Roso, profesora del Grado en Nutrición Humana y Dietética de la Universidad Francisco de Vitoria, ante temperaturas elevadas, el organismo activa sus mecanismos de termorregulación, como la sudoración, lo que conlleva una pérdida considerable de agua y sales minerales como sodio, potasio y magnesio. «Cuando no se reponen adecuadamente, pueden aparecer síntomas como fatiga, calambres, mareos, confusión mental e incluso complicaciones más graves como un golpe de calor», advierte la experta.
Frutas y verduras: aliados del verano
Las altas temperaturas impactan directamente en nuestro sistema digestivo, provocando digestiones más lentas y molestias si consumimos alimentos copiosos o grasos. En este contexto, las frutas estivales se posicionan como aliadas esenciales. «La naturaleza es sabia y la tierra también lo es. En los meses más calurosos, tenemos opciones ideales como la sandía, el melón, las fresas, el melocotón o el higo, que aportan agua, potasio, fibra y compuestos que ayudan a proteger el cuerpo en verano», explica Ruiz-Roso.
Por ejemplo, la sandía, que contiene un 92% de agua, no solo hidrata, sino que también incluye citrulina, un aminoácido que favorece la circulación. Las ciruelas y melocotones, por su parte, ayudan a regular el tránsito intestinal, que a menudo se altera en verano debido al calor, los cambios de rutina o los viajes.
Entre los alimentos más recomendables para combatir el calor, destacan las hortalizas con elevado contenido hídrico. «El pepino, con un 97% de agua en su composición, el tomate o el calabacín son perfectos aliados para contribuir a la hidratación, ya sea en ensaladas, cremas frías o incluso licuados. Son ligeros, refrescantes y ayudan a reponer líquidos y minerales perdidos durante la sudoración», detalla la nutricionista.
Recetas refrescantes y alimentos a evitar
Ruiz-Roso también recomienda recurrir a recetas tradicionales españolas como el gazpacho, un plato que, además de ser refrescante, aporta hidratación, minerales y antioxidantes. Los lácteos fermentados, como el yogur o el kéfir, no deben faltar en nuestra alimentación veraniega, ya que proporcionan agua, electrolitos y proteínas de fácil digestión.
No todos los productos son beneficiosos durante las olas de calor. Las bebidas azucaradas y alcohólicas, aunque puedan parecer refrescantes a primera vista, realmente perjudican nuestra hidratación. «Aunque pueden parecer refrescantes, las bebidas azucaradas aportan calorías vacías de nutrientes y suelen dar una falsa sensación de hidratación, sin reponer eficazmente los líquidos perdidos. Además, el alcohol favorece la eliminación de líquidos en el organismo, incrementando la deshidratación», alerta la nutricionista.
Asimismo, las comidas copiosas y con alto contenido graso están desaconsejadas cuando el termómetro se dispara. «En los días de mucho calor, el cuerpo digiere peor. Las comidas copiosas, ricas en grasas o muy procesadas, generan más calor interno en nuestro organismo y hacen que el sistema digestivo trabaje el doble. Por eso, optar por platos fríos, ligeros, ricos en vegetales y frutas enteras no solo apetece más, sino que realmente sienta mejor», concluye la especialista en nutrición.
