El fuego consume Sanabria y despierta recuerdos trágicos

Las llamas han arrasado con una parte significativa de Sanabria, transformando paisajes que una vez fueron un refugio de belleza natural en un desolador manto de cenizas. Javier Coca, taxista y residente en Sant Vicenç dels Horts, ha estado en primera línea del desastre, tratando de controlar el fuego que amenaza su hogar en San Martín de Castañeda, donde ha pasado sus veranos desde niño.

“Me han autorizado a quedarme aquí para controlar. El incendio está muy abajo, solo pueden llegar los helicópteros”, comenta Coca mientras intenta mantener la calma en medio del caos. El escenario que una vez contempló con admiración ha cambiado drásticamente; el lago de Sanabria, que inspiró a escritores como Miguel de Unamuno, ahora refleja un panorama árido y triste.

La memoria de Unamuno y el impacto en la comunidad

Sanabria fue un lugar que cautivó a Unamuno, quien se dejó llevar por la belleza de la región en junio de 1930. Sus recuerdos de la zona, donde escribió poemas y su famosa novela San Manuel Bueno, mártir, contrastan con la devastación actual. “Antes veías la laguna con vacas y el color verde. Ahora es Marte”, lamenta Coca, reflejando la profunda tristeza que siente por la pérdida de su hogar.

El fuego no solo ha destruido el entorno natural, sino que también ha amenazado la vida y el patrimonio cultural de la comunidad. Se han realojado a los vecinos de San Martín y Vigo, que ahora enfrentan un futuro incierto. “Ves las caras de mis suegros y te destrozan. Ves a los jóvenes del pueblo, que viven aquí, como Samuel, Álex, José o Diego, que se han partido el lomo”, añade Coca, visiblemente afectado.

Recuerdos de tragedias pasadas y la lucha actual

La historia de Sanabria está marcada no solo por su belleza natural, sino también por tragedias pasadas. El recuerdo de la inundación de Ribadelago en 1959, cuando la presa de Vega de Tera reventó, sigue vivo en la memoria de los habitantes. Aquella noche, 144 personas perdieron la vida debido a una negligencia que el régimen franquista intentó silenciar. Esta conexión con el dolor del pasado hace que el presente sea aún más desgarrador para los que ven cómo su tierra arde.

La Unidad Militar de Emergencias (UME) se encuentra desplegada en la zona, combatiendo el fuego en ocho frentes a la espera de que las lluvias lleguen durante el fin de semana. Aunque la situación parece mejorar, pequeños focos siguen activos, lo que mantiene en vilo a la comunidad. “El segundo día fue el más difícil”, señala Coca, quien se ha preparado para lo peor: “Metimos en el coche bolsas, mascarillas, ropa, comida, 15 litros de agua… para salir en cualquier momento”.

La lucha de los voluntarios y los vecinos por salvar lo que queda de su hogar es un ejemplo de resiliencia en tiempos de crisis. Sin embargo, el impacto emocional de ver cómo se consume el paisaje que ha acompañado a generaciones es una carga pesada. “Es desolador. El cañón está negro. Antes veías la laguna con las vacas, el verde… Y ahora es Marte”, concluye Coca con un profundo suspiro, reflejando el dolor de una comunidad que se aferra a sus recuerdos mientras lidia con la devastación de su tierra.