Erizos de mar de La Palma se adaptan al calentamiento oceánico

La crisis climática que amenaza con provocar la sexta extinción en la Tierra también ha dado lugar a especies capaces de adaptarse al calentamiento global. En la costa de Fuencaliente, en el sur de La Palma, se están llevando a cabo estudios sobre la respuesta de las especies marinas al cambio climático. Este enclave se ha convertido en un laboratorio natural, donde las fugas de dióxido de carbono (CO2) resultantes de la erupción del volcán Teneguía en 1971 han acidificado el mar, replicando las condiciones que podrían darse en los océanos hacia finales de siglo si continúan las emisiones de gases de efecto invernadero.

El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) ha alertado sobre las consecuencias de esta acidificación, que ya han comenzado a observarse en los últimos años. Sin embargo, una especie de erizo de mar, el erizo de mar negro (Arbacidaris purpurata), parece haber encontrado la forma de adaptarse a estas condiciones extremas, convirtiéndose en un inesperado «ganador» del cambio climático.

La sorprendente resiliencia del erizo de mar negro

Un estudio reciente publicado en una revista científica ha demostrado que el erizo de mar negro ha desarrollado una notable resiliencia y plasticidad. A pesar de la acidificación, esta especie ha reducido su tamaño y la altura de sus espinas mientras refuerza su caparazón. “Tenemos todo un ecosistema allí, bajo acidificación, bajo condiciones futuristas, que ha demostrado que los erizos de mar, en este caso el erizo cachero, negro, típico de Canarias, controlan las algas en los fondos”, explica Sara González-Degaldo, investigadora posdoctoral en la Universitat de Barcelona.

Contrario a las expectativas, los ejemplares de erizo de mar negro en zonas acidificadas han mostrado una mayor resistencia que aquellos en condiciones normales. Este comportamiento es sorprendente, ya que se pensaba que la acidificación dificultaría su capacidad para crecer y desarrollar su estructura esquelética. Los investigadores analizaron a 108 individuos, midiendo su tamaño, peso y resistencia, y encontraron que aquellos en áreas acidificadas eran más pequeños pero también más robustos.

Adaptación y coste energético

A lo largo de más de cincuenta años de adaptación, el erizo de mar negro en Fuencaliente ha cambiado su uso de energía, destinando parte de ella a endurecer su esqueleto. “Creemos que el erizo, al verse en condiciones tan extremas, tiene que luchar contra esa agua acidificada y ha encontrado la forma de fortalecerse para poder aguantar. Es una lucha por sobrevivir”, añade González-Degaldo. Sin embargo, esta adaptación tiene un coste, ya que en condiciones de pH bajo, los recursos energéticos necesarios para mantener sus estructuras esqueléticas aumentan.

La investigación también señala que, a pesar de la resiliencia del erizo negro, no todas las especies marinas están tan bien adaptadas. Los burgaos y caracoles de Canarias, por ejemplo, están siendo gravemente afectados por la acidificación, lo que provoca que sus conchas se deterioren y sufran muertes prematuras.

En conclusión, aunque el erizo de mar negro ha encontrado una forma de adaptarse y sobrevivir, la acidificación del océano representa una amenaza significativa para muchas otras especies. El futuro de los ecosistemas marinos depende de la capacidad de estas especies para adaptarse a un entorno en constante cambio, y la situación en Fuencaliente es un claro indicativo de los desafíos que enfrentan en el contexto del calentamiento global.