Las cartas intercambiadas entre Miguel Hernández y Federico García Lorca desvelan una relación marcada por la admiración, pero también por la distancia y las tensiones. En la última de estas misivas, fechada el 1 de febrero de 1935 en Orihuela, Hernández expresa su deseo de contar con la amistad de Lorca, quien solo le respondió a su primera carta, enviada en abril de 1933. Este intercambio epistolar ha cobrado gran relevancia, especialmente tras la adquisición por parte de la Fundación Legado Miguel Hernández de más de 5 600 documentos que ilustran la vida y obra de este poeta alicantino.
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José M. Liébana, director de la Fundación, señala que las diferencias sociales y de personalidad entre ambos poetas contribuyeron a esa tirantez. Mientras que Lorca provenía de una familia acomodada y disfrutaba de un estilo de vida bohemio, Hernández se caracterizaba por su franqueza y rudeza. Esta disparidad se refleja en la forma en que se expresan el uno al otro a través de sus cartas. Por ejemplo, Lorca se dirigía a Hernández con delicadeza, mientras que este último no dudaba en lanzar puyas en sus escritos.
El intercambio revela que, a pesar de la admiración que sentía Hernández por la obra de Lorca, este no le otorgaba el mismo nivel de reciprocidad. En una de las cartas, Lorca menciona: “Me acuerdo mucho de ti porque sé que sufres con esas gentes puercas que te rodean”. Esta frase ilustra la comprensión de Lorca hacia el sufrimiento de Hernández, aunque también pone de manifiesto la distancia que existía entre ambos.
Ambos poetas se conocieron en enero de 1933 en Murcia, donde Lorca se encontraba de gira con su grupo de teatro universitario, La Barraca. En esa época, Lorca ya era un autor consagrado, mientras que Hernández estaba ansioso por la publicación de su primer libro de poesía, Perito en lunas. La publicación de esta obra, sufragada por Luis Almarcha, marcó un hito en la carrera de Hernández, pero su relación con Lorca seguía siendo problemática.
A medida que la situación política en España se deterioraba, Hernández se sentía cada vez más desesperado por encontrar trabajo y estabilidad. En su última carta a Lorca, pide ayuda para salir de su “situación penosísima”, lo que refleja su angustia personal y profesional. Esta búsqueda de apoyo también lo llevó a contactar a otros poetas de renombre, como el chileno Pablo Neruda, en busca de oportunidades.
La relación entre Hernández y Lorca también estuvo marcada por la exclusión. Se sabe que Lorca evitaba asistir a reuniones de la Generación del 27 en casa de Vicente Aleixandre si Hernández estaba presente, lo que demuestra la incomodidad que generaba su presencia.
La muerte de Hernández, ocurrida el 28 de marzo de 1942 en una prisión de Alicante, cerró un capítulo trágico en la historia de estos dos grandes poetas. Su legado sigue vivo en la memoria cultural española, y la Fundación Legado Miguel Hernández continúa trabajando para preservar y difundir su obra.
En la actualidad, el estudio de su relación y su influencia mutua ha cobrado un nuevo interés. Emilio Peral Vega, catedrático de la Universidad Complutense, ha analizado cómo el teatro de Lorca pudo influir en la obra de Hernández. Peral indica que se pueden observar influencias lorquianas en obras como El labrador de más aire y Los hijos de la piedra, lo que pone de manifiesto la complejidad de su relación.
A través del análisis de estas cartas y documentos, se revela una amistad forzada y llena de matices, donde las tensiones personales y las diferencias sociales jugaron un papel crucial en la historia de la literatura española. Las cartas de Hernández y Lorca no solo son testimonios de su relación, sino un reflejo de la realidad social y política de su tiempo.
