Experta propone renombrar bebidas energéticas como «estimulantes»

La posible prohibición de las bebidas energéticas para menores de 16 años que impulsa el Gobierno de España ha reabierto el debate sobre su consumo. En este contexto, Blanca Benito, psicóloga de la Dirección General de Salud Pública del Gobierno de Cantabria, propone un cambio significativo en el nombre de estos productos, sugiriendo que sería más apropiado referirse a ellos como «bebidas estimulantes» o «bebidas excitantes». Según Benito, estas bebidas «no dan energía; alteran», lo que refleja su impacto real en el organismo.

Benito explica que, a diferencia de lo que su nombre sugiere, las bebidas energéticas no proporcionan la energía que asociamos a un mejor rendimiento o concentración. En realidad, provocan una estimulación artificial del sistema nervioso central. «Nos quitan el sueño y nos aceleran el corazón. Eso no es energía», resume la experta.

Una cuestión de percepción y salud pública

El uso del término «energéticas» puede generar una percepción positiva que no se corresponde con la realidad, lo que resulta preocupante, especialmente entre los jóvenes. «Estamos exponiendo cerebros muy jóvenes a sustancias estimulantes que generan dependencia», advierte Benito. La psicóloga enfatiza que cuanto antes se inicie el consumo, mayor es el riesgo de desarrollar hábitos difíciles de controlar.

El impacto cardiovascular es uno de los efectos más conocidos, pero también se han documentado alteraciones del sueño, mayor irritabilidad y un rendimiento académico más bajo. «Si duermes peor, al día siguiente estás más cansado, te cuesta concentrarte y puedes recurrir otra vez a estas bebidas para mantenerte despierto. Es una rueda», añade.

En Cantabria, las urgencias hospitalarias han atendido casos de menores con palpitaciones, sensación de ansiedad o insomnio prolongado tras consumir estos productos. Además, Benito señala que la mezcla de bebidas energéticas con alcohol es otro factor de riesgo, ya que esta combinación puede contrarrestar la sensación de embriaguez, llevando a los jóvenes a consumir más alcohol, lo que aumenta el riesgo de accidentes y conductas imprudentes.

Propuestas de regulación y sensibilización

Actualmente, el Gobierno de España trabaja en la elaboración de una norma que prohíba la venta de estas bebidas a menores de 16 años. Desde Cantabria, el Ejecutivo regional apoya una regulación estatal uniforme para que el mensaje sea claro en todo el país. «Si se regula, será más fácil que las familias entiendan que no es un producto inocuo», explican desde Salud Pública.

Mientras tanto, la estrategia cántabra se centra en la sensibilización. La campaña del año pasado, titulada «La energía la tienes tú», busca desmontar mitos sobre el consumo de estas bebidas. Benito resalta un error común: confundir estas bebidas con las isotónicas, que están diseñadas para reponer sales tras el ejercicio. «No solo no tienen la misma función, sino que pueden ser contraproducentes para el deporte», advierte, debido a la aceleración del pulso y la posible deshidratación.

Por último, la psicóloga recalca la importancia de la educación y el ejemplo en casa. «Igual que un adulto decide no tomar café por la tarde porque sabe que le afecta al sueño, tenemos que trasladar esa lógica a nuestros hijos», concluye. La propuesta de cambiar el nombre busca, en definitiva, abrir una conversación sobre cómo la sociedad percibe unos productos cuya disponibilidad y publicidad han normalizado su consumo entre los más jóvenes.