La historia de «La batalla de los vinos» y sus referencias históricas

El poema ‘La Bataille des Vins’, escrito por el poeta Henri d’Andeli en el año 1224, se ha convertido en una referencia fundamental para conocer cuáles eran los mejores vinos blancos de la Edad Media. Este texto no solo enumera las variedades de vino más apreciadas de la época, sino que también proporciona un fascinante recorrido por las regiones vinícolas de entonces.

El poema, que consta de 204 versos, fue creado en honor al rey Felipe II de Francia. En él, el rey ordena a tres de sus hombres que busquen los mejores vinos que puedan encontrar, una búsqueda que resulta en la identificación de varios caldos destacados, entre los que se encuentra el vino de Chipre, que se menciona como uno de los más finos.

Referencias a los mejores y peores vinos

La obra de d’Andeli destaca vinos de renombre como el de Chablis y el de Beaune, cuyos estándares de calidad se mantienen hasta el día de hoy. Se describe el vino de Chablis como “no tan amarillos, sino más bien como del color del cuerno de un buey”. Asimismo, menciona regiones como Épernay, Sancerre, Provenza y Anjou, reafirmando que la mayoría de los mejores vinos de la época procedían de lo que hoy conocemos como Champagne, Loire y Borgoña.

Sin embargo, el poema no solo se enfoca en los vinos de calidad, sino que también critica aquellos que considera mediocres. Por ejemplo, menciona el vino de Châlons, que “hincha el vientre y los talones”, y el Rogel d’Étampes, que “provoca gota y calambres”. Esta dualidad entre lo bueno y lo malo en el mundo del vino ofrece una visión completa de la percepción vinícola de la época.

Un banquete lleno de rivalidades

En un giro interesante, algunos vinos toman la palabra en el poema, como el de Mosela, que se presenta como un aliado de los alemanes, afirmando que sirven a sus compatriotas. Vinos de Berry critican a los de Île-de-France, defendiendo su suavidad y sabor frente a la supuesta fuerza de aquellos vinos. Esta interacción entre los distintos vinos añade un elemento de competencia y rivalidad que refleja la cultura del vino en la Edad Media.

Un cura inglés actúa como árbitro en esta batalla de sabores, observando cómo el vino ilumina el gran salón y transforma la atmósfera. “Sé muy bien que si tuvieran pies y manos se matarían”, dice d’Andeli, destacando el fervor que genera el vino, que parece llenar el espacio de aromas y placeres.

Finalmente, el poema culmina con el rey coronando al vino de Chipre como el mejor, posiblemente el famoso Commandaria, conocido por su dulzura. Se dice que el monarca se emborrachó y durmió “dos noches y tres días sin despertarse”, lo que resalta la intensidad de la experiencia vinícola. Al final, el rey ofrece un consejo: no hay que desanimarse si no se puede adquirir el mejor vino, pues “tomemos el vino que Dios nos da”, un recordatorio de la democratización del placer vinícola.

La obra de d’Andeli, aunque escrita hace casi 800 años, sigue siendo un testimonio fascinante de la cultura del vino y su evolución a lo largo de los siglos. Su carácter narrativo y sus descripciones vívidas ofrecen no solo una guía de los vinos de la época, sino también una ventana a las tradiciones y costumbres de la sociedad medieval.