El Hongqi, el emblemático coche nacional chino, experimenta un notable renacer en la actualidad, tras haber sido un símbolo de la élite política durante décadas. Originalmente concebido en 1956 por Mao Zedong, quien deseaba no depender de limusinas soviéticas, el Hongqi se ha convertido en un vehículo que encapsula la historia de China. Desde su diseño inicial, destinado a uso exclusivo del líder, hasta su actualidad como competidor en el mercado global, su evolución refleja los cambios sociopolíticos del país.
Un legado de dificultades y éxitos
El primer Hongqi fue una obra de ingeniería, diseñado por ingenieros enviados a Rusia, que contaba con lujosos detalles como asientos de seda y techos de terciopelo, pero con problemas mecánicos significativos. A pesar de las adversidades, incluido el período crítico del Gran Salto Adelante, el entusiasmo por este vehículo no disminuyó. Sin embargo, la producción se vio gravemente afectada durante la Revolución Cultural, lo que resultó en una calidad deficiente y en la fabricación de menos de 300 unidades entre 1969 y 1976.
El Hongqi se convirtió en un símbolo de la grandeza y los fracasos de China. Recibió a dignatarios como el presidente estadounidense Richard Nixon en su histórica visita a Pekín en 1972, pero también estuvo involucrado en incidentes diplomáticos embarazosos, como el fallo de frenos que casi causa un accidente mortal al presidente rumano.
La transformación bajo Xi Jinping
Con la llegada de Xi Jinping al poder, el Hongqi ha comenzado a dejar atrás su estigma y ha sido revitalizado para adaptarse a las exigencias del siglo XXI. En 2017, el presidente chino tomó medidas decisivas para reiniciar la producción, incluyendo la apertura de líneas de crédito para la marca y la contratación de Giles Taylor, ex director de diseño de Rolls Royce. Esta nueva dirección ha permitido a Hongqi diversificarse, ofreciendo ahora modelos de SUV, vehículos eléctricos e híbridos. En 2022, la marca alcanzó la cifra de medio millón de unidades vendidas y planea llegar al millón en un futuro cercano.
El interés por el Hongqi ha crecido, especialmente entre las nuevas generaciones, que ven en él una fusión de nostalgia maoísta y tecnología de vanguardia. Aunque su imagen presidencial se desdibuja fuera de China, la marca tiene la ambición de que un cuarto de sus ventas en 2030 provenga del extranjero, diversificando así su mercado.
Con miras a Europa, Hongqi planea ofrecer 25 modelos para 2028, lo que incluye negociaciones con Stellantis para establecer una planta de fabricación en Zaragoza. Esta estrategia se alinea con la intención de Pedro Sánchez de promover la colaboración tecnológica entre España y China, reforzando el relato de la evolución de Hongqi desde un símbolo de un país cerrado hacia un competidor en la vanguardia global.
La historia del Hongqi es, por tanto, un reflejo de la transformación de China misma, pasando de un aislamiento ideológico a una apertura hacia el mercado global. Este vehículo, que una vez fue un símbolo de opulencia y exclusividad, ahora busca consolidarse en un mercado competitivo, demostrando que incluso los legados más complejos pueden encontrar un nuevo camino hacia el éxito.
