El pasado fin de semana, el Día del Pastor en Améscoa se convirtió en un evento cargado de emoción y recuerdos, con un homenaje especial a Ana Mari Ormazabal, una figura destacada en la historia pastoral de la zona. Su sobrina, Esti Erdocia, actual alcaldesa de Améscoa, fue la encargada de leer unas conmovedoras palabras de agradecimiento que resonaron profundamente entre los asistentes.
Durante su discurso, Ana Mari Ormazabal recordó con nostalgia sus años como pastora en Urbasa, expresando que “los años como pastora en Urbasa fueron los más felices de mi vida. No teníamos nada, lo justo para comer. Me pongo a recordar y me parece mentira todo lo que pudimos superar”. Estas palabras reflejan no solo su dedicación al oficio, sino también el sacrificio y la alegría que conlleva la vida rural.
El homenaje también incluyó a su hijo, Juanmari Olazarán, quien, acompañado de su hija y su nieta, compartió su historia familiar. “Somos la cuarta generación aquí en Améscoa, pero no de pastores porque mi abuelo vino desde Ursuaran en Guipúzcoa, y aquí hemos echado las raíces”, comentó emocionado, subrayando la conexión profunda que su familia mantiene con la tierra y la tradición pastoral.
Este evento no solo celebró a Ana Mari, sino que también puso de relieve la importancia del legado pastoral en la comunidad de Améscoa. La vida de los pastores, llena de desafíos, ha sido fundamental para preservar las costumbres y el entorno natural de la región. La comunidad se unió en un acto de homenaje que reafirma su compromiso con las tradiciones y la historia local, asegurando que el legado de figuras como Ana Mari Ormazabal no se olvide.
