La Unión Europea enfrenta un importante desafío: construir una red eléctrica continental robusta que asegure un suministro energético fiable y contribuya a la descarbonización de los países miembros. En este contexto, la asociación de transportistas y operadores europeos, conocida como ENTSO-E, ha desarrollado un plan de red que describe cómo debería estructurarse el sistema en 2040 para cumplir con los objetivos climáticos acordados. Este plan incluye la identificación de 88 GW adicionales de interconexiones entre países, lo que representa un aumento del 75% respecto a la red proyectada para 2025.
Entre las interconexiones propuestas, destacan 4.500 MW en la frontera entre España y Francia y 1.000 MW en la frontera entre España y Portugal. A pesar de este consenso político y técnico, Europa aún no cuenta con una electrificación adecuada, lo que se traduce en altos precios de la energía debido a la dependencia de combustibles fósiles importados y a infraestructuras eléctricas que requieren mejoras.
La modernización del sistema eléctrico es una necesidad urgente para garantizar la seguridad del suministro y reducir los costes energéticos. En este sentido, la Comisión Europea aprobó en julio de 2025 nuevas directrices para acelerar la transición energética, sumándose a la Directiva de Energías Renovables, el Diseño del Mercado de la Electricidad y el Plan de Acción para una Energía Asequible. Sin embargo, estos esfuerzos deben complementarse con un enfoque renovado en las infraestructuras de distribución eléctrica, ya que la transmisión de electricidad desde las redes de transporte hasta los puntos de consumo es crucial.
La expansión de las redes de distribución eléctrica debe alinearse con el crecimiento de la oferta de energías renovables y el aumento de la demanda de electricidad limpia. Una posible solución sería liberalizar el mercado de distribución, permitiendo que promotores de energías renovables desarrollen infraestructuras de red y almacenamiento en áreas que aún carecen de un sistema de red denso.
Los reguladores energéticos deberían optimizar el uso de la infraestructura existente, incentivando a las empresas a integrar sus redes en el sistema nacional de distribución. Esto permitiría acelerar el despliegue de nuevas redes, minimizar el impacto ambiental y fomentar la competencia en un mercado que necesita abaratar precios y costes.
El sistema eléctrico peninsular de España gestiona más de 200 GWh anuales y ha experimentado una transformación significativa desde la aprobación de la Ley del Sector Eléctrico en 1997. A pesar de algunos avances, el control del sistema de distribución sigue en manos de un reducido número de grupos energéticos, lo que limita la competencia y el desarrollo de las redes.
Entre los retos más urgentes se encuentra la necesidad de liberalizar el sistema y mejorar las infraestructuras de distribución. Existen redes construidas por promotores privados que podrían activarse de inmediato, lo que indica que el problema es más regulatorio que tecnológico. Las infraestructuras eléctricas son esenciales para el éxito de la transición energética, que requiere una mayor participación de la generación renovable, almacenamiento y electrificación del consumo final.
Una alternativa viable sería clasificar como redes de distribución las infraestructuras de evacuación privadas ya construidas por empresas de energía renovable. Esto podría facilitar la entrada de nuevos actores al mercado, incentivar la competencia, reducir el impacto ambiental y contribuir al desarrollo industrial territorial.
El comisario europeo de Energía y Vivienda, Dan Jørgensen, subrayó que «la transición hacia una energía limpia no es solo una obligación moral para con nuestro planeta, es una cuestión de seguridad e independencia para Europa». Un sistema energético seguro y competitivo, basado en energías renovables, es fundamental para lograr una economía sostenible.
En este contexto, la modernización de las redes de distribución eléctrica en España se presenta como un objetivo prioritario. Estas infraestructuras jugarán un papel crucial en la transición energética europea, contribuyendo a un futuro más limpio y eficiente.
