La reciente oleada de incendios ha reavivado un debate crucial en España: la necesidad de implementar una gestión forestal sostenible en un territorio afectado por el cambio climático, marcado por olas de calor y sequías cada vez más severas. Durante décadas, la falta de atención a las zonas rurales ha contribuido a la acumulación de vegetación seca, que se convierte en combustible para las llamas, según expertos en ecología y ciencias forestales.
Un enfoque sostenible para el futuro
La gestión forestal no es una cuestión sencilla, como explica Javier Madrigal, científico del Instituto de Ciencias Forestales del INIA-CSIC. Se requiere un enfoque planificado que contemple un mosaico de usos del suelo. Actualmente, el 55% del territorio español, equivalente a 28 millones de hectáreas, está cubierto por superficies forestales que incluyen bosques, matorrales y pastos. Esta diversidad ha ido en detrimento debido al abandono rural y la disminución de la ganadería y cultivos tradicionales.
Para abordar este problema, Madrigal destaca la importancia de contar con pastores que gestionen los rebaños, esenciales para controlar el crecimiento de la vegetación. “Se les podría compensar por el beneficio ambiental que aportan, pero esto requiere un cambio de filosofía”, reflexiona. Las estrategias incluyen la retirada de madera seca, el desbroce y la creación de áreas estratégicas para facilitar el trabajo de los equipos de extinción.
Desmitificando la gestión forestal
La ingeniera forestal de Greenpeace, Mónica Parrilla, ha defendido durante años la importancia de una gestión forestal adecuada. “Nadie dice que se deba eliminar indiscriminadamente la vegetación, sino que es necesario gestionar el terreno para crear masas forestales más robustas”, señala. Este enfoque se opone a la creencia errónea de que los ecologistas son responsables de la propagación de incendios debido a su enfoque proteccionista.
Parrilla también subraya que la no intervención en ciertas áreas responde a una planificación cuidadosa, y no a un abandono. “Hay que hacer entender a la sociedad que estas decisiones se basan en estudios exhaustivos”, afirma. Las zonas que no se intervienen son fundamentales para la formación de bosques maduros, que son más resilientes ante el fuego.
Por otro lado, el profesor de la Universidad de Oviedo, Hugo Robles, advierte que demonizar la vegetación como un mero combustible puede ser perjudicial. “Eliminar el sotobosque puede afectar los servicios ecosistémicos que nos proporcionan los bosques, como la descontaminación del suelo y la captura de CO2”, explica. Mantener una gestión equilibrada es clave para que los ecosistemas forestales sean capaces de enfrentar los incendios.
La situación actual es alarmante y, si no se toman medidas adecuadas, podría llevar a una disminución de la superficie arbolada en el medio plazo. “Si seguimos actuando como hasta ahora, el matorral ganará terreno”, advierte Madrigal. Sin embargo, la solución no radica en la intervención extrema, sino en un enfoque más medido que permita a la naturaleza regenerarse.
En conclusión, el debate sobre la gestión forestal en España resalta la necesidad de un plan integral y sostenible que contemple tanto la intervención como la conservación. Con más de 60 años de abandono rural, la solución puede requerir un enfoque a largo plazo que combine la sabiduría tradicional con la ciencia moderna para preservar nuestros bosques y prevenir futuros desastres.
