La escasez de agua ha provocado un impacto devastador en la agricultura de la Axarquía, donde los agricultores de mango y aguacate enfrentan una crisis que David Sarmiento, nuevo presidente de la Junta Rectora de Trops, califica como más dolorosa que las consecuencias del actual conflicto en Oriente Medio. Según Sarmiento, a pesar de que el campo malagueño está en proceso de recuperación, la sequía ha afectado gravemente la productividad, llevando a muchos agricultores a considerar el abandono de sus fincas.
Las cifras son alarmantes: los costos de producción han escalado entre 10 000 y 12 000 euros por hectárea, y algunos cultivos se están vendiendo masivamente debido a la pérdida de rentabilidad. «Hemos tenido ese problema los tres últimos años con la sequía, cuando los umbrales de rentabilidad han bajado mucho», lamentó Sarmiento, quien también destacó que en zonas tradicionales como Málaga y Granada, muchos jóvenes han tenido que abandonar el campo por falta de beneficios.
El impacto de la sequía y el relevo generacional
El impacto en la agricultura tropical ha sido significativo, con una pérdida estimada entre 1 000 y 1 300 hectáreas en la comarca de la Axarquía y la costa de Granada. Sarmiento asegura que, aunque la situación es crítica, se están implementando estrategias para renovar las plantaciones y recuperar la rentabilidad. «La provincia de Málaga tiene un problema estructural de infraestructura hídrica», subrayó, haciendo referencia al aumento poblacional y la creciente demanda de agua por parte del turismo y la industria.
Para abordar esta crisis, Sarmiento enfatiza la necesidad de construir estructuras hídricas que beneficien a la población, el turismo, las empresas y la agricultura. «Nosotros no gastamos agua, producimos alimento, y el alimento necesita agua como cualquier otro producto», afirmó, destacando que hay un problema estructural en la infraestructura hídrica de la región.
Soluciones: agua regenerada y desalinizadora
Entre las soluciones propuestas, la introducción de agua regenerada en la agricultura se presenta como una alternativa viable. «El agua que se solía verter al mar ahora se aprovecha», explica Sarmiento, quien subraya que este agua se regenera y se reutiliza, garantizando condiciones de calidad para los cultivos. «El agricultor lo ha aceptado y ya se está utilizando de forma habitual en nuestro sector», añade.
Asimismo, la desalinizadora de la Axarquía, un proyecto considerado «estratégico» a nivel nacional, se encuentra en fase de desarrollo. Con un presupuesto de 200 millones de euros que el Gobierno de España adelantará, Sarmiento espera que esta infraestructura esté operativa hacia 2031. «Hasta entonces, tenemos la suerte de que ha llovido y el pantano de La Viñuela ha recuperado su esplendor, al estar al 90% de su capacidad», concluyó.
Con una dotación estructurada para la agricultura de aproximadamente 22 hectómetros cúbicos y otros 20 hectómetros cúbicos provenientes de agua regenerada, Sarmiento se muestra optimista sobre la posibilidad de mantener los cultivos hasta que el proyecto de desalinizadora se materialice. La necesidad de soluciones pronto será crucial para garantizar la sostenibilidad del sector agrícola en una región que ha dependido históricamente de su producción.
