La Organización de las Naciones Unidas (ONU) ha sido objeto de críticas por su aparente ineficacia en la resolución de conflictos globales y la disparidad entre sus elevados gastos y los resultados obtenidos en sus operaciones. Desde su creación, se ha planteado la cuestión de si es hora de disolver la mayor organización internacional, que cuenta con 193 países miembros y más de 37 000 funcionarios, y que consume una parte significativa de su presupuesto anual de 5 000 millones de dólares. Sin embargo, a pesar de estas críticas, la pregunta que persiste es: ¿qué organización podría sustituirla?
El legado de la ONU y su contexto actual
La historia nos recuerda el fracaso de la Sociedad de Naciones, establecida tras la Primera Guerra Mundial para mantener la paz, que no logró evitar el estallido de nuevos conflictos y que fue disuelta debido a la falta de voluntad de sus miembros para mantener la paz. En contraste, la ONU fue concebida en medio de la Segunda Guerra Mundial como un símbolo de la voluntad colectiva de preservar la paz global. No obstante, en la actualidad, el mundo enfrenta 51 conflictos activos, destacando la guerra en Ucrania y el conflicto en Gaza, donde la voz de la ONU ha sido frecuentemente silenciada.
La igualdad de todos los países es un principio fundamental de la ONU; sin embargo, el Consejo de Seguridad está compuesto por cinco miembros permanentes (EEUU, Rusia, China, Reino Unido y Francia) que ejercen su derecho de veto, obstaculizando muchas resoluciones que podrían afectar sus intereses. A pesar de esto, la ONU ha logrado aprobar numerosas resoluciones, aunque muchas no han tenido un impacto práctico debido a la oposición de las grandes potencias.
El enfoque humanitario de la ONU
A pesar de su limitado papel en los conflictos internacionales, la ONU ha centrado gran parte de sus esfuerzos en la asistencia humanitaria. Organizaciones como ACNUR y UNRWA han trabajado incansablemente para proporcionar apoyo a millones de personas afectadas por la guerra. UNRWA, creada para asistir a la población palestina tras el conflicto de 1948, ha estado brindando ayuda a los palestinos en Gaza, Líbano, Siria y Jordania durante más de 75 años.
Israel ha criticado la prolongada existencia de esta agencia, argumentando que su misión temporal se ha convertido en un estigma que perpetúa la dependencia. Por otro lado, ACNUR ha visto aumentar su carga de trabajo, atendiendo a más de 6 millones de refugiados de Ucrania y extendiendo su asistencia a países africanos como Sudán, Eritrea y Etiopía.
La ONU también enfrenta desafíos internos, incluyendo denuncias de conductas inapropiadas por parte de sus fuerzas de paz y problemas con el financiamiento, especialmente tras las amenazas del expresidente Donald Trump de retirar el apoyo de EEUU, que representa el 30% del presupuesto total de la organización. Esto plantea un riesgo significativo para la viabilidad de la ONU y su capacidad para llevar a cabo misiones de paz, que actualmente emplean a más de 70 000 personas.
En conclusión, aunque la ONU sufre críticas por su funcionamiento y eficacia, su existencia sigue siendo crucial en un mundo donde la voluntad de vivir en paz es la mayor amenaza. La organización fue creada para evitar la guerra y resolver conflictos, objetivos que no solo dependen de su estructura, sino de un compromiso global genuino hacia la paz.
