El 26 de octubre, un día de 25 horas: impacto en la salud

En la madrugada del 26 de octubre de 2023, los relojes se atrasarán una hora, generando un día de veinticinco horas. Este cambio, que se oficializa a las 03:00, cuando serán las 02:00, plantea una serie de interrogantes sobre sus efectos en la salud. Más allá de las quejas habituales sobre la dificultad para levantarse o la llegada anticipada de la noche, el impacto en nuestro bienestar físico y mental es considerable.

Numerosos estudios han explorado cómo este ajuste horario afecta a nuestro organismo. Uno de los más recientes proviene de la Universidad de Stanford, donde se ha demostrado que el cambio de hora puede alterar los ritmos circadianos y aumentar el riesgo de ictus y obesidad. Según María José Martínez Madrid, experta en medicina del sueño y CEO de Kronohealth, “los cambios de hora dos veces al año provocan una cronodisrupción, que impacta negativamente en nuestra salud”.

Efectos de la cronodisrupción

La cronodisrupción se refiere al desajuste entre nuestro reloj biológico y el entorno, lo que puede acarrear consecuencias negativas. “Un cambio de horario, aunque sea de solo una hora, tiene efectos medibles en nuestra vida diaria”, señala Martínez. “Se ha observado un incremento de los accidentes de tráfico, problemas cardiovasculares y malestar general en los días posteriores a este ajuste”. Además, cuando dicha disrupción se mantiene, se relaciona con un mayor riesgo de obesidad y enfermedades cerebrovasculares.

Martínez también destaca que “vivir permanentemente desajustados del sol está asociado a un aumento en el riesgo de obesidad, diabetes tipo 2, depresión y enfermedades cardiovasculares. Este estrés biológico sostenido afecta nuestro bienestar a largo plazo”.

Beneficios del horario de invierno

A pesar de las implicaciones negativas del cambio horario, existe un aspecto positivo en la llegada del horario de invierno: “Este nuevo horario está más alineado con la luz solar, lo que favorece la regulación natural del reloj biológico”, explica la experta. “Amanecemos antes y recibimos más luz por la mañana, lo que es beneficioso para nuestra salud”.

En contraposición, el horario de verano tiende a tener un impacto más negativo, ya que nos obliga a empezar el día en la oscuridad, limitando la exposición a la luz matinal, fundamental para sincronizar nuestro reloj interno.

Martínez aboga por mantener el horario de invierno durante todo el año. “Nuestro organismo está diseñado para funcionar con la luz del día, lo que regula los ritmos hormonales, la temperatura corporal y el sueño. Cuanto más alineados estemos con el ciclo solar, más estable y saludable será nuestro reloj biológico”, concluye.

La investigación en cronobiología ha cobrado importancia en los últimos años, especialmente tras el reconocimiento del Premio Nobel de Fisiología y Medicina a investigadores por sus trabajos sobre el reloj biológico. Estos avances tienen importantes implicaciones para la salud de diversas poblaciones, especialmente para niños, adolescentes y personas mayores, quienes son más vulnerables a los efectos de los cambios horarios.

El desafío es evidente: encontrar un equilibrio que nos permita adaptarnos a los ritmos naturales del día y mejorar así nuestra calidad de vida. La discusión sobre el cambio de hora no solo es un tema de conveniencia, sino una cuestión que afecta directamente a nuestra salud y bienestar. Por ello, es fundamental seguir investigando y valorando la posibilidad de eliminar estos cambios estacionales en favor de un horario más saludable.